martes, mayo 15, 2012

VIRGEN, SANTA y BARBUDA



Para continuar con pelos y seguir el hilo de mi actualización sobre las mujeres barbudas una breve reseña sobre otra barbuda y, sorprendentemente, santa. En Portugal, España y algún otro país meridional se le conoce como Santa Librada. En Centroeuropa como Wilgefortis (del latín virgo fortis) y la imaginería religiosa católica la representa como una mujer, una virgen, crucificada y con una tupida barba. Como sucede en toda la hagiografía, y en el martirologio, se mezclan tradiciones pre-cristianas, con algún mito, algún dato histórico geográfico, para darle alguna credibilidad, y los intereses de la Iglesia, tanto en su concepto universal como local. Tener reliquias de mártires y  de santos en una iglesia daba prestigio y dinero, tanto por el que traían los peregrinos, eso no ha cambiado nada, como por el negocio de compra-venta de reliquias.Una autentica "bolsa" de transacciones milagreras. Esta barbuda santa llega a los altares porque quería consagrase a Dios y no aceptaba el matrimonio que le imponía su padre, en algunos sitios dice que era un rey portugués, allá por el año 800 d.c. Y ¿cómo hacer que sus posibles maridos la rechazaran? Pues masculinizándose y deteriorándose físicamente. Un cuadro de bulimia y anorexia. No comer y vomitar lo que se le obligaba a ingerir. Se quedo en los huesos y barbuda. La imaginería religiosa se debió de hacer la picha un lío y armarse un Cristo, en la misma imagen una cruz, un barbudo que podía ser un San José y una Virgen. Hay diferentes imágenes, tanto esculpidas como pintadas, repartidas por muchas iglesias y conventos de esta santa barbuda, en la foto algunas de ellas. Con carácter menos sacro también la imaginaron los artistas franceses Pierre et Gilles en una de sus obras de “Vida de Santos”

 

LA MUJER BARBUDA

Lamento decepcionar a aquellos que han cliqueado la foto esperando encontrar a un “Míster Bear” de alguna de las “kdds” osunas. No, la fotografiada es madame Delait. Que nadie se deje engañar, tras su apariencia osuna, que ya la quisieran algunos míster, se esconde una señora de una acusada feminidad según las crónicas de la época. Clémentine Clatteaux, luego Delait por el apellido de su esposo, nació el 5 de marzo de 1865, fue una niña absolutamente normal, tras la pubertad le empezó a salir una pelusilla en el labio superior que fue a más, cosa que no le preocupó: Empezó a afeitarse todos los días. Regentaba un café y parece que se apostó con un cliente que ella tenía más barba que él. El dejarse la barba le fue bien al negocio, curiosos de toda la región acudían al local que pasó a ser conocido como “Café de la femmé á barbe”. Ella rechazó durante mucho tiempo las ofertas de empresarios de circos y feriantes para que se exhibiera, pero a la muerte de su esposo las aceptó y se paseó por muchos escenarios. Fue tan conocida que se hicieron muchísimas postales con su imagen y su fama llevó al hipódromo de Vichy a crear un Gran Premio denominado “La mujer barbuda”. Cuando se sintió cansada de esa vida de feriante se retiró a su pueblo donde murió. El epitafio en su tumba dice: «Aquí yace madame Delait, la mujer barbuda»







lunes, julio 19, 2010


BAILANDO AGARRADITOS Y BIEN PEGADITOS

Traigo aquí una foto de mi colección en la que se ve un grupo de marineros bailando bien agarraditos. Mi madre me contaba que cuando ella era joven en las verbenas, salvo con novios oficiales o maridos, las chicas bailaban con otras chicas y además bien separadas. Cosa que también hacían los hombres entre ellos. Salvo en lenocinios y en algunos cabarets la imagen de dos personas de diferentes sexo, y sin estar casados, que bailaran agarrados era difícil de ver en los primeros años de la postguerra civil española. Tiempos de represión. Me sorprende esta foto, que está sin fechar, pero estimo que puede ser del periodo comprendido entre 1925-1935, en donde se ven un grupo de marineros, de los EE.UU., bailando bien pegaditos en un buque de guerra. El hecho de que estos hombres estén bailando tan pegados, evidentemente, no presupone ninguna opción sexual determinada, más aún en un buque de guerra en que las mujeres no tenían acceso, salvo alguna meretriz que con el consentimiento o para disfrute de oficiales dejaban colar, o en algún tipo de recepción a bordo, así que si querían bailan tenia que ser entre ellos. Hay una foto publicitaria de hace unos años, creo recordar de Diesel, en la que se ven unos modelos masculinos en un puerto vestidos de marineros y delante de un buque de la Armada en una actitud puramente sexual. La foto que traigo aquí podía estar perfectamente en un calendario gay o publicitando algo que se pueda relacionar con la vida gay. En aquellos años parece que si se rozaban los plátanos con los plátanos les preocupaba menos que el que lo hicieran higos y plátanos. Cosa, supongo, que alegraba a los que preferían el fruto de la platanera al de la higuera. Por cierto, hay algunas teorías en la tradición coránica que dicen que el fruto del “pecado” del Jardín del Edén era un plátano y no una manzana como dicen los cristianos (en el texto bíblico no se menciona el nombre del fruto), he de suponer que por la imagen fálica que trasmite. La foto es una prueba de imprenta, se ve por el tramado (los puntitos) de la bicromía. Antes de hacer la tirada definitiva sobre el papel de periódico se sacaban unas pruebas fotográficas para ver como quedaría la impresión.

miércoles, julio 14, 2010


Con nostalgia sana recuerdo como de niño me embadurnaba mi lampiña cara con el jabón y brocha de afeitar de mi padre. Mi imaginación infantil convertía el palo plano de un polo en cuchilla. Lejanos tiempos en que los varones anhelábamos tener pelos. Muy poco tiempo después, y sin darse uno cuenta, llegaba el principio de la adolescencia donde competía con los amigos a ver quién tenía más pelos en el sobaco, pecho o en el pubis, que eran entonces unos pelillos aislados. Las hormonas revueltas e inocentes juegos con connotaciones eróticas. Tiempos aquellos en que no se había generalizado el “pelocidio” entre los varones.

Postal de mi colección. No tiene fecha, calculo mediados de los años 60. No tiene títulos de crédito.

jueves, julio 08, 2010


Apuntes de Verano desde una playa sin “glamour”. (1)

Cosas sencillas que haré este verano durante el tiempo que permaneceré por aquí. Haré dieta basada en gazpacho, sardinas asadas, ensaladas, “pescao” frito y diferentes productos derivados del cerdo, algunos de ellos a la brasa. Los domingos paella y de postre mucha sandia y melón (soy poco dulcero y heladero). Aumentaré considerablemente mi dosis de cerveza y tinto de verano, con gaseosa blanca por supuesto. Será a la playa cercana a mi casa (300 metros) a la que iré casi a diario salvo algunos días que, por acompañar a visitas, iré a otras que están a algo más de media hora en coche. Esta playa que tengo cerca de casa tiene poco “glamour” y eso tiene algunas ventajas y por supuesto alguna desventaja. En los chiringuitos de las playas “chic” el personal que les atiende va muy peripuesto, parecen que están en una discoteca en lugar de un chiringuito. Aunque por la decoración, la música y la de “chuminas” con las que sirven las copas lo podría ser. En las “chic” pocas copas se sirven que no vengan llenas de tonterías, que lo único hacen es aumentar el precio y los residuos: Sombrillitas de papel, minis farolillos, enormes pajitas de plástico, etc. El chiringuito más cercano a mi casa es más bien una tasca adaptada a la playa con unas tapas y cocina muy casera. El personal que lo atiende es una familia, no van uniformados y la matriarca puede salir de la cocina a ponerte en la barra la media ración de sardinas “asas” ataviada con uno de esos pantalones tipo malla, estrechos y pegados al cuerpos en donde es facilísimo observar, como si de un mapa en relieve se tratara, la topografía del enorme cuerpo de la cocinera, también lleva un precioso delantal estampado de lamparones de aceite, fácilmente confundible con un papel de estraza en el que se haya envuelto una rueda de “calentitos”, también llamados churros. La decoración simple, no falta la maqueta de un barco entre las botellas de la estantería, barco que debe de ser de cuando los fenicios faenaban por estás costas por la capa de polvo que tiene. Capa que se respeta de una temporada para otra. Como el local es poco fino no se ve esa espantosa imagen que en algún chiringuito “chic” he presenciado: Gente comiendo algunos tipos de almejas con cuchillo y tenedor. Aquí no. Aquí se usan los dedos para el molusco, para el pescao frito, para las sardinas asadas y para todo lo que tenga hueso. Los dedos se limpian chuperreteandolos y después se usara la servilleta de papel, servilleta que al final queda como un tampax reutilizado. El chiringuito “chic” tiene multitud de banderas, en algunos lugares incluso la del Arco iris y esos estandartes que ahora se están poniendo de moda similares a los que se usa en los templos budistas y que no recuerdo su nombre. En el chiringuito popular la única bandera que ondea estos días es la de España, por el fútbol, en su versión cañí que es la del toro de Osborne. Esto se me ha alargado mucho, así que en otra entrada ya os contaré lo diferente que es el público que va a las playas “chic” y los que van a las populares..., por supuesto según mi parcial y sesgada visión...Me voy a pringarme los “deos” y a tomarme una cerveza a la playa....

lunes, junio 28, 2010


CSI, España años 60 y las pajas

El buen cine policíaco siempre me ha gustado y todo lo relacionado con las técnicas que utiliza la policía científica y la práctica forense. No es de extrañar que haya disfrutado viendo algunos de los capítulos de la serie CSI. La fotografía, la ambientación de esos laboratorios, limpios como patenas, y el intríngulis de la serie americana me enganchó. Esas secuencias donde se ve llegar a los policías científicos a la escena del crimen cargados con sus equipos técnicos y miran con la fuente de luz forense la cama o el sofá donde se ha cometido el crimen y, como por arte de magia, descubrimos que esa luz azulada hace aparecer restos de fluidos corporales sobre las sabanas y, tras acercarse con sus gafas especiales a la mancha, el policía con sorna le dice a su compañera, si se ha detectado semen, “Aquí ha habido una buena orgia”. Igual que con la misma clarividencia en las películas antiguas de cine negro el detective con sombrero y gabardina tras observan una colilla en el suelo decía “Alguien ha estado fumando aquí”. Y que me dicen de que con la simple observación de un chorreón de sangre en la pared pueden saber la posición en que estaba la victima, la trayectoria de la cuchillada y hasta la posible altura y posición del atacante. El análisis de patrones de maculas de sangre, nombre técnico de examinar la forma del goterón del fluido rojo, da una enorme cantidad de información a los expertos. Lo que me ha sorprendido es leer que esa observación de la trayectoria de un fluido, en este caso semen, ya se utilizaba en la España de los años sesenta, no para hallar pistas de una violación o asesinato si no para saber si un adolescente se pajeaba, terrible pecado, o si las manchas de “leche” en su cama eran debidas a las involuntarias poluciones nocturnas, también llamadas por el autor “Reglas Blancas”. La pormenorizada descripción, que más adelante les trascribiré, estaban dirigidas a los padres de la criatura para que pudiesen averiguar si el vástago había caído en el muy enfermizo y perverso vicio de la masturbación, acto que “siempre constituye un pecado grave contra natura, en el espacio moral, y muy perjudicial en el aspecto físico”. No crean que lo escrito está sacado de un libro o revista de carácter religioso, no, está transcrito de un libro titulado “Guía Médica Sexual” editado en 1963 por una importante editorial y firmado por un Doctor en Medicina, que en su prólogo dice que la intención del libro es “contribuir a su felicidad, a su seguridad ante los problemas sexuales, y todo ello redundará en beneficio de su salud; y coadyuvará a librarles también de muchas preocupaciones y temores, apartándoles de caer bajo la influencia de informaciones equivocas, confusas” . Repito, no es un tratado de la Edad Media, no, España 1963.
Y ¿Como podían saber los padres si su hijo adolescente había caído en el “vicio solitario”? He aquí el compendio para cazar al onanista, ya sospechoso de pecador si simplemente las poluciones eran frecuentes “siempre y cuando no se llegue a las poluciones demasiado frecuentes observadas en algunos, que no pueden ser consideradas completamente inocentes por el hecho de que en la simple somnolencia, pequeños frotamientos, más o menos conscientes, contra las sabanas o ropas interiores, las transformarían en una masturbación larvada, pecaminosa”. ¿Cómo saber si era involuntaria la eyaculación o real paja? Pues observando la trayectoria que deja el fluido, como los de CSI “las poluciones se producen estando el miembro semiflaccido, en cuyo caso, la uretra, insuficientemente desplegada, impide la salida violenta del esperma. Por estos caracteres se ha pretendido establecer un casi medio diagnostico, estudiando las manchas observadas en la cama del niño, y deducir, según los respectivos casos, si se trata de poluciones de tipo espontáneo o, por el contrario, se debe a eyaculaciones producidas por masturbación. En este último caso la cantidad sería mayor. Daría lugar a múltiples manchas originadas por las entrecortadas proyecciones a distancia, producidas por espasmos eyaculatorios” Si los padres constatan que el zagalón se la menea el “doctor” da una serie de consejos para liberar al muchacho de tan pérfido vicio, que van desde que duerma en una cama con una tabla debajo, -yo pensaba que eso era bueno sólo para la espalda y no para evitar el tocamiento de zambomba- obligarlo a que haga mucho deporte y se agote, con lo cual se le supone que se le quitarían las ganas, que se le frene en todas las apetencias, especialmente digestivas, vamos que se le de de comer poco y se evite la glotonería y, como no, la intervención del director espiritual. Me imagino la escena, la madre dirigiéndose al sacerdote y pidiéndole su opinión. Padre, mire estás manchas ¿Cree usted que mi hijo peca o qué es de polución fácil? Y el cura imaginándose con todo detalle como el chaval se la menea. A esa forma de castración sicológica le llamaban educación sexual. También es sorprendente la misoginia que destila el libro "Las muchachas deberán rehuir aquellos ejercicios cuya práctica, como la del ciclismo y la equitación, puede producir irritaciones genitales, que, en algunos casos, podrían ser el origen de excitaciones eróticas."

martes, enero 26, 2010


CONSTRUCCION VI

Jovenes trabajadores de la construcción. Se les ve en el tajo sin ningún tipo de protección, como casco un pañuelo o un saco de plástico. Pueden estar acarreando enormes piedras o utilizando una sierra eléctrica y como calzado unas chancletas, algunos incluso descalzos. Si en países como el nuestro, en donde hay una legislación sobre seguridad en el trabajo, los accidentes laborales se cuentan por miles, muchos con desenlaces fatales, las cifras de accidentes en los llamados países del tercer mundo deben ser enormes. Foto tomada en Jodhpur (India) diciembre 2009. © www.photorecursos.com

lunes, octubre 08, 2007


BARBERO


Este no es de Sevilla, como el de la opera bufa, este es de Roma o tiene su barbería en Roma. Ya parecen que no quedan barberos, al menos ya no se ven letreros que ponga barbería, y los que se ven llevan años colgados en la entrada del establecimiento, algunos de ellos bellísimos de esmalte. Las cosas evolucionan y la utilización de las palabras también. Parece que ya nadie quiere ser llamado barbero en las grandes ciudades. Me contaba mi madre que hace bastante tiempo, tendría yo unos siete años, y recién llegados a una nueva vivienda, ella tuvo una conversación con una vecina del bloque de enfrente. Mi madre le preguntó, más bien por afirmarse en lo que ya sabía, ¿Su marido es barbero, verdad? Y la vecina parece que se ofendió y le contesto: ¡No, señora. Mi marido es peluquero! Esto pasó hace muchos años. El negocio de nuestro vecino era del tamaño de un cuarto de baño, dónde poco más cabía que el sillón y dos sillas para los parroquianos que esperaban su turno. Ni pensar quiero como habrá que llamar a estos nuevos locales de peluquería de diseño, y hablo de las de caballeros, porque en esto parece que no se ha evolucionado, barberos no quedan, pero caballeros sí y deben de ser pocos, porque cuando son nombrados salen en la prensa. Los misterios del lenguaje. Para mi cabeza yo ya no necesito ningún estilista, me quedan pocos pelos y los pocos pelos me los auto-rasuro con una máquina que también me sirve para arreglarme la barba. En mi memoria tengo grabado los “barberos”, con perdón, que he tenido, a los que les fui fiel. Durante años fueron algunos de ellos los que rompieron la fidelidad conmigo. Yo era adolescente y ellos ya adultos. Con el transcurso de los años algunos cerraban el negocio por dejar de serlo, hubo un tiempo que el pelo largo fue moda, o se jubilaban y en algún caso, por muerte del maestro barbero. En esta última causa es perfectamente comprensible su infidelidad hacia mí, fuerza mayor. Y, ¿cómo no ser fiel con quien te ponía en la yugular una navaja? Las de ahora son diferentes, ahora usan media cuchilla para un único uso. Antes preocupaba menos afeitar con la misma navaja a más de una persona y nos decían, como chiste, que cuando la afilaban o templaban con esa tira de cuero que iba tensada sobre una madera, igual que los carniceros usan la chaira para afilar sus cuchillos, lo hacían para aplastar a los microbios. A mí esas navajas siempre me han causado un gran respeto, vamos que me acojonaban, más aún desde que vi, siendo muy joven, la escena de la navaja y el ojo en la película surrealista de Luís Buñuel “El perro andaluz”. Cuando yo me sentaba en el sillón del barbero, y él perfilaba mis patillas o me recortaba la barba por la zona del cuello con esas navajas, yo sentía lo mismo que sigo sintiendo cada vez que viajo en avión, mi vida está en manos del piloto igual que entonces estaba en manos del barbero, con perdón. Me alegro de que este “estilista” de Roma siga conservando, además en piedra, la palabra barbero.
Paco Molina 8 octubre ´07. Foto ©Paco Molina/2005 http://www.photorecursos.com/

lunes, octubre 01, 2007


VUELTA AL COLE


Hace pocos días fue la vuelta al “cole”. Como todos los septiembres, de nuevo, las calles de nuestras ciudades se han llenado de la alegre algarabía de los niños camino del colegio. Van cargados con enormes mochilas o tirando de maletas tipo “troller”. A algunos se les ven tan cargados que, en lugar de ir unas horas al colegio, parecen como si fueran soldados y los hubieran movilizado para una guerra. Guerra esta en que, afortunadamente, las balas son de tiza y las trincheras son los pupitres. Guerra corta, que dura el tiempo que se ausenta del aula el o la “profe”. Al verlos me acuerdo de mi infancia y de mi primera cartera.


Cursé mi primera enseñanza en un colegio de los de entonces, de los llamados nacionales. De los de aulas presididas por crucifijos y a sus lados las fotos de Franco y de José Antonio. Los niños con los niños y las niñas con las niñas en los primeros cursos. Como uniforme una bata de color marrón, el babi, que más bien parecíamos drogueros pequeñitos. El colegio estaba en mi barrio, un barrio obrero. En ninguna casa sobraba un duro y en la mía tampoco.


Para el primer curso, y, supongo que por no poder comprarme una cartera, mi madre me hizo de tela de lona una bolsa con cremallera para los cuadernos y los lápices. Para mi imaginación infantil aquella humilde cartera no era sólo eso, era también el volante de un rapidísimo bólido que me llevaba al colegio. Yo, a la par que lo conducía, corría y hacia el ruido del motor "rummm, rummm". Cuando salía del cole también me llevaba a casa, pero más rápido, con ganas de llegar a ella y zamparme la merienda. Merienda de las de antes, medio bollo de pan con aceite de oliva y azúcar y otros días bocadillo de chorizo. Chorizo casero que mi abuela nos mandaba del pueblo.
Ahora conduzco un coche caro, trabajo muchas horas diarias, nunca almuerzo o meriendo en mi casa y, cuando tengo mis manos en el volante, equipado con airbag, mientras espero que el semáforo cambie de color no puedo evitar que se me humedezcan los ojos acordándome de lo feliz que era con aquella humilde cartera.



Nota: Escrito un nostálgico día de septiembre. Me he permitido la licencia de lo del coche, no conduzco ningún coche caro, lo demás real, tal como lo recuerdo de mi infancia. Paco Molina, septiembre 2007

viernes, septiembre 21, 2007


MUSEOS DEL FUTURO


Si el hombre, tal como lo conocemos hoy en día, sobrevive ¿Qué expondrá en los museos dentro de mil años referente a esta época? ¿Qué personajes actuales pasaran la criba de los siglos y estarán representados en esos museos? ¿Que gestas de la mitad del Siglo XX hasta nuestros días serán explicadas a los niños que acudan a ellos? En los museos de historia ¿Cómo se explicaran las guerras actuales? ¿Se ira a los museos físicamente o sólo habrá presencia virtual? Sólo los que vivan en ese tiempo futuro, que dudo de que sea una vida similar a la nuestra, si la hubiera, podrán saberlo. La historia sólo se puede contar hacia atrás, no hacia adelante. Algunos del pasado han querido perpetuarse por medio de sus imágenes, palacios o grandes gestas. Grandes ególatras del pasado han querido dejar su huella con intención de permanecer para siempre. De todos los millones de seres de nuestra especie que han poblado la tierra se pueden contar los que han dejado algo digno de ser alabado y respetado. Cada día que pasa y cada estudio que se hace de ellos más en humo los convierten.
Sólo tengo claro, en este asunto de la posibilidad de que haya una posteridad histórica, confusos términos al juntarlos, una cosa, igual que siempre, serán los que hayan ganado las diferentes batallas por sobrevivir, y no me refiero a la supervivencia biológica solamente, porqué he de suponer que la selección natural seguirá actuando, serán ellos, decía, los que valoraran que será digno de contar, bien sea para ensalzar o humillar a personas, países o descubrimientos.
Algún líder actual pensará que esta haciendo grandes gestas en favor de la liberación del mundo, lideres de uno u otro signo. Quizás estén soñando que sus actos serán en el futuro recordados como una gran epopeya. Permítaseme el chiste fácil, más que epopeya a alguno de estos líderes se les tendrá en el futuro el mismo respeto que a Popeye, y que me perdone el genial marinero de las espinacas por la comparación.

Foto tomada en el Museo Glyptoteka. Copenhague/DK 1995
©Paco Molina/1995.
http://www.photorecursos.com/

martes, septiembre 04, 2007


LA PALOMA, ¿ SÍMBOLO DE PAZ?


En la foto, esa paloma que sobrevuela cercana a una copia de la estatua de la libertad no es blanca. Hemos querido simbolizar la paz con una paloma de color blanco, pero las palomas no son sólo blancas. Son blancas cuando el hombre interfiere en la selección natural y elimina a las de color. Eso se hacía en Sevilla, los empleados del Parque de María Luisa sacrificaban a las de color para que sólo hubiera blancas y radiantes, como novias, en la Plaza de América. De niños nos llevaban a hacernos fotos con ellas. Previamente había que comprar un cartucho de semillas y darles de comer hasta que se posaban sobre nuestras manos, brazos y cabezas, entonces el fotógrafo disparaba su cámara. La sesión fotográfica acababa en llantos muchas veces, las uñas de las palomas arañaban. Hasta para simbolizar la paz hemos utilizado criterios falsos. Paloma blanca, la hegemonía del blanco sobre cualquier otro color. Dicen que el simbolismo viene dado por la paloma que envió Noé para averiguar si ya podía apearse, sin peligro de ahogarse, del zoo portátil que se había hecho. Y la paloma volvió con una rama de olivo, pero la leyenda del Génesis no menciona el color del ave. Además, la única guerra posible era con los elementos, con la lluvia, a no ser que Noé estuviera en guerra con su mujer, que difícil entonces iba a tener lo de poblar de nuevo la tierra, ingente trabajo ese de copular tanto. A los santos y a las vírgenes del cristianismo siempre los han pintado con una paloma blanca cerca, debe de ser que nuestros santos todos han sido aficionados a la colombofilia. Ahora parece que las palomas son un gravísimo problema en las ciudades. Además de la suciedad, sus excrementos deterioran la piedra, algunas piedras centenarias de monumentos históricos. Han proliferado mucho, no tienen depredadores y hay verdaderas legiones de abuelos que el único entretenimiento que les permiten sus bajas pensiones o su soledad es dar de comer pan duro a las aves. Quizás los gurús de la modernidad y del diseño gráfico tendrían que buscar un nuevo símbolo para la paz. Ahora las palomas no son queridas, son como ratas de ciudad. ¿Será una metáfora? Los señores de la guerra, la industria armamentística, los dueños del petróleo parece que tampoco quieren a la paloma, sobre todo si es de la paz. La paloma de mi foto parece que está a punto de posarse en la pequeña estatua y decirle:
¡Cómo estás menguando LIBERTAD!



Foto© Paco Molina/París 1998
Texto© Paco Molina/2007

Foto tomada en un mercadillo “marchés aux puces” de París





viernes, agosto 31, 2007


MIS LECTURAS EN LA ORILLA


Último día de agosto. Pero aún queda verano. En algunos lugares de nuestra geografía les tocará sufrir el calor del membrillo. Y en dónde yo estoy quedan bastantes días de playa.
Los meses de verano son propicios para la lectura. Puede uno llevarse varias horas al día leyendo sin agobiarse de las cosas que hay que hacer. Entre julio y agosto mis obligaciones han sido muy caseras y la de ser un buen, espero, anfitrión. También mantener una buena relación diaria con el gordo, y me refiero al gordo de la Cruzcampo, que por cierto, cosas del marketing, le han reducido bastante la barriga en la etiqueta.

Como decía el verano es un tiempo propicio para ponerse al día en lecturas. Algunas veces escoger un buen libro que te enganche y te haga disfrutar plenamente su lectura hasta el final es difícil. Los últimos tres que me he leído han sido un acierto pleno, un pleno al quince. Los tres muy distintos. Han sido “ Suite francesa” de Irene Némirovsky,“Me llamo Rojo” del turco y Premio Nobel de Literatura 2006, Orhan Pamuk, una novela fabulosa, que especialmente la disfrutaran quienes conozcan Estambul y a quienes les gusten los libros, no sólo leerlos sino el libro como objeto bello, es decir que sean bibliófilos. Es un “thriller”, con asesinatos y amor, que se desarrolla en el Estambul del siglo XVI. Y por último uno que me ha dejado impactado,” Kafka en la orilla” de Haruki Murakami.

Durante mi estancia en Sydney iba con frecuencia a la librería Kinokuniya, una librería especializada en diseño gráfico, fotografía y muy especialmente en libros orientales, especialmente japoneses. Allí me pasaba las horas viendo libros y revistas de fotografía y manuales de diseño gráfico. Es una enorme librería, de estas que permiten que curiosees libremente y hasta te puedes sentar a leer los que están sin precintar como display. Además cuenta con una extensísima selección de Manga, así que era normal ver a muchos jóvenes y no tan jóvenes frikis sentados en cualquier rincón con un comic en las manos. Algún día me explayaré hablando de esta interesantísima librería. Fue en la librería Kinokuniya donde por primera vez tuve constancia de “Kafka en la orilla”, en inglés titulado “Kafka on the Shore”. Me sorprendió que llevara mucho tiempo en el stand de los más vendidos, leí alguna reseñas y las solapas y desde entonces he querido leerlo. Aunque allí podía haberlo comprado en inglés o incluso la edición original en japonés, ni que decir tiene que he esperado a que se editara en castellano para meterle mano, no domino lo suficiente el inglés y menos aún el japonés para entender al señor Nakata, uno de los personajes.

“Kafka en la orilla” en un libro muy complejo, rico en referencias culturales clásicas pero escrito con un estilo de absoluta modernidad, que además enseña mucho acerca de lo que es la cultura nipona tradicional y la de los jóvenes y modernísimos japoneses. Tampoco le falta sensualidad y un fino sentido del humor. Es un libro mágico, realismo mágico de ojos rasgados. Lo recomiendo apasionadamente.

Como homenaje a la cultura nipona ilustro el texto con una foto que tomé en la Expo 92 de Sevilla, durante una exhibición de maestros japoneses en el arte de las cometas a quienes acompañaban estos “tamborileros”. ¿O eran coreanos? Estoy peor que el señor Nakata.

Texto© Paco Molina/2007
Foto© Paco Molina/www.photorecursos.com




miércoles, agosto 22, 2007


PELO Y PLUMA LITERARIA



De todos es sabido que los enfrentamientos entre artistas son bastante comunes. A la hora de odiarse ponen la misma capacidad creativa y el mismo talento con el que han sido dotados para las artes que para tratar de hundir al colega que odien. Y lo mismo vale entre artistas de tercera regional que entre grandes divos o monstruos de la creación. La diferencia será que el mayor nivel intelectual de los contrincantes enriquecerá el enfrentamiento, quizás más sutil (aunque no siempre los genios son sutiles), pero también más letal, y en el caso de los más mediocres podrá llegar a ser patética la pelea. En las altas esferas de la intelectualidad daña más una frase culta criticando al contrario que los arañazos que se dan en la cara, en las peleas, las mujerzuelas barriobajeras, aunque se dejen las caras como mapas de carreteras.

La historia de la literatura está llena de enfrentamientos entre literatos. Algunos de estos combates entre profesionales de la pluma han dejado escritas páginas memorables en el mundo de las letras. En lengua castellana tenemos el muy conocido enfrentamiento entre Quevedo y Góngora. ¡Las cosas que se dijeron estos dos hombres! Si se las dijeran autores actuales, muy probablemente acabarían en querellas judiciales. Además, hoy en día, donde lo políticamente correcto impera, algunos de los epítetos que Quevedo le dedicó a Góngora serían tildados, y con toda razón, de antisemitas. Góngora (1561-1627) nació en Córdoba de una familia bien y parece que de origen converso, y por ahí fue por donde le atacó Quevedo. El autor de La vida del Buscón escribe: “yo te untaré mis obras con tocino
porque no me las muerdas, Gongorilla”, una clara alusión a la prohibición que tienen los judíos de comer productos del cerdo. En otro verso le llama perro o, lo que es lo mismo, lo insulta llamándole “perro judío”. Para la nariz de Góngora también tiene alusiones racistas, ya que la describe como la que se le supone a los hebreos. Aunque se dice que ese enfrentamiento era debido a la forma de entender la literatura, cultistas contra conceptistas, parece más visceral que intelectual el aborrecimiento que se tenían. Y no hay una reacción emocional más visceral que la envidia y los celos. Si los celos en las relaciones de pareja pueden llegar a ser mortíferos por temor a los cuernos, entre los escritores y otros profesionales de la creación los produce el que el otro sea más leído, comprado o reconocido.

Más recientemente el enfrentamiento entre Francisco Umbral y Arturo Pérez-Reverte hizo que corrieran ríos de tinta. En esta pelea los escritores no estaban solos, cada uno de ellos contaba con sus padrinos de duelo. Los padrinos de Umbral, atrincherados en El Mundo, desenvainaron las espadas para defender al “maestro Umbral”. (¿Por qué algunos medios llaman a sus propios columnistas maestros?). La guerra llegó a su cenit cuando el “maestro Umbral”, en la presentación de Pasiones Romanas, premio Planeta 2005, se atrevió a decir que "...es la novela sin estilo, pero el estilo es la impronta masculina por excelencia. Está incardinada en las últimas tendencias, que no sabemos si son buenas o malas, pero tampoco Pérez-Reverte tiene estilo y no se le critica por ello". Como no era la primera vez que Umbral se metía con el estilo de Pérez-Reverte, éste le dedicó un artículo en El Semanal titulado “El muelle flojo de Umbral” en el que se despachó a gusto. Poco faltó para que no le diera con un calcetín sudado en la cara al ya anciano Umbral y, si no lo hizo, quizá fue por respeto a la edad. El artículo de replica a las palabras de Umbral no tiene desperdicio, lo llamó de todo. Creo que el artículo pone a Umbral en su sitio, sitio que no puede ser otro que muy bajo ya que el plomo pesa.

Sería muy larga la lista de autores de todos los tiempos que han tenido diferentes tipos de enfrentamientos con sus colegas. Cela dedicaba una de las ediciones de “La familia de Pascual Duarte” de esta manera (cito de memoria): “Dedico esta novela a mis enemigos, que tanto han contribuido al éxito de mi carrera”. En la mayoría de los casos se han justificado los navajazos que se han pegado, sean por escrito o verbales, por desacuerdo en el “estilo” o por entender que lo que escribe el otro no es literatura, por purismo literario. Claro, ninguno dice que le revienta que otro autor contemporáneo sea más reconocido internacionalmente por ser más traducido, que esté en la lista de los más vendidos o que firme más en la Feria del Libro. Porque, claro, la escritura que uno hace es una genialidad y los genios son unos incomprendidos, sobre todo en vida.

Las parrafadas anteriores me han servido para introducir la cuestión que yo quería plantear aquí: cómo un maestro de la literatura puede perder los papeles por una cuestión relacionada con el pelo corporal. ¿Puede un genio de la literatura del Siglo XX llegar a las manos, es decir, a pelearse cuan marino borracho en una taberna portuaria frecuentada por prostitutas y proxenetas, porque le digan que no es un hombre de pelo en pecho? He aquí la historia.

Hemingway fue la imagen del hombre macho norteamericano real (en la ficción eran los personajes del cine). Todo virilidad, gran cazador de leones en África y de mujeres por todo el mundo, gran amante, apasionado del toreo y de emociones fuertes, casado no sé cuántas veces, atrevido explorador, buen bebedor de güisqui, gran viajero. El hombre macho en estado puro. Pero, además, gran escritor, el más popular de su generación. Escritor que sólo sabía escribir de lo que había vivido y detestaba a los escritores que no salían de sus despachos y no habían vivido lo escrito. Si se escribe sobre la guerra hay que haber estado en una y si se escribe sobre la pesca hay que ser un as de la caña. Si no era así, le parecían escritores falsos. Parece que era muy echado para adelante y no toleraba a los melindrosos. Durante décadas fue corresponsal de diarios y revistas, lo que le permitió viajar por todo el mundo, estar en el ojo del huracán de muchos conflictos y ser testigo de actos políticos de una relevancia que modificaron el mundo en que vivió. Esa experiencia como corresponsal y enviado especial fue su “trabajo de campo” que luego convertiría en novelas. En cuanto a su físico, parece que producía estremecimiento en las mujeres, especialmente en las jovencitas amantes de los “daddys”, y he de suponer que también alegraba las pajarillas a más de un hombre. De hecho, sigue habiendo concursos en USA de “look” Hemingway. Hombre de barba blanca y torso lleno de pelos que parecían querer escaparse del pecho para unirse a la barba. Tenía casi siempre un buen color de piel, su gusto por el mar y los espacios abiertos le otorgaba un bronceado perenne, lo que hacía parecer aún más blanca su barba. Aunque ese deseo de aventura también le produjo más de un disgusto, ya que parecía propenso a los accidentes.

Hemingway, igual que otros muchos escritores, tuvo bastantes disputas con compañeros de oficio, pero sin duda la que más me ha sorprendido fue la que tuvo con el escritor Max Eastman, que está relacionada con los pelos del pecho de Ernest, de ahí el título de esta entrada. The New Republic publicó un artículo en 1933 firmado por el también escritor Max Eastman en que el autor aseguraba que Hemingway no era un “verdadero macho” porque “usaba pelo postizo en el pecho”. El artículo, más que cuestionar la virilidad o heterosexualidad de Hemingway, lo que cuestionaba era si los pelos del pecho que lucía eran auténticos. Acusaba a Ernest de tener un ¡bisoñé torácico! Parece una acusación absurda y más proviniendo de un escritor serio (Max Eastman fue especialista en escribir sobre el comunismo, parece que al principio tenía ideas afines al régimen bolchevique, pero luego fue uno de los primeros en denunciar el estalinismo). Si absurda parece la acusación, la reacción del que años después escribiera “Por quién doblan las campanas” tampoco estuvo a la altura que se esperaría de un gran escritor: usar la pluma y no la agresión física. Algunos años después de publicarse el artículo que trataba de dejar el pecho de Hemingway con menos pelos que una bombilla, ambos escritores se encontraron casualmente, estando rodeados de amigos comunes, y Ernest, nada más ver a Eastman, se descubrió el pecho, se pegó unos tirones de sus pelos y demostró la falsedad de la calumnia. Acto seguido se abalanzó sobre el calumniador, lo tiró al suelo, despojó a Max Eastman de su camisa y quedó patente que el calumniador era lampiño, que tenía menos pelos que el chocho de una muñeca y que Ernest Hemingway realmente era un tío de pelo en pecho. Ambos escritores acabaron la disputa como si de una pelea de macarras se tratara, tirándose de los pelos y llamándose uno a otro maricón e impotente. Alguien que presenció la escena comentó que “su imagen (de Hemingway) sufrió un gran deterioro”.
© Foto y texto: Paco Molina /2007


Nota: De la anécdota de los pelos de Hemingway tuve conocimiento al leer un ensayo de Margo Glantz publicado en México en 1984. Al relatar la anécdota me he permitido TEATRALIZARLA algo para quitarle la seriedad del ensayo.



lunes, agosto 13, 2007


EL AKELARRE


Los de este mundo que alguna vez han cruzado el umbral y han entrado en el mundo de ellos y han podido observar una de sus reuniones, han tenido la oportunidad de presenciar uno de los espectáculos más sobrecogedores y dantescos con los que un ser vivo se puede topar. Algunas veces escogen lugares apartados en el extrarradio urbano, pero suelen preferir el casco antiguo de las ciudades. Sus lugares preferidos suelen ser antiguos almacenes, hangares, antiguas cavas e incluso se da la paradoja de que algunas de estas reuniones se realizan en antiguas iglesias y conventos adaptados a su ritual. Suele ser habitual en grandes sótanos o semisótanos. Para que sus reuniones se lleven a cabo y no ser delatados es imprescindible que sus canciones, gritos, lamentos y percusiones con las que se ayudan para llegar al trance y el éxtasis no lleguen al oído de los que estamos en este otro lado, por eso les gustan los anchos y viejos muros. La luz es de panteón, mínima, la imprescindible para orientarse hasta llegar a la gran sala de ceremonias. Para tener acceso a una de estas reuniones hay que ser parte de ellos o al menos parecerlo. Igual que en el reino de Hades, las entradas están protegidas por un can Cerbero o varios. Los guardianes mitológicos del reino de los muertos no obstaculizaban la entrada ni hacían daño a las sombras de los muertos pero vetaban a los vivos. Éstos de ahora, si se percatan de que no formas parte de los iniciados, no te permitirán la entrada. Estas almas llegan de todos los lugares de la ciudad, y han estado toda la noche vagando, preparándose para el gran ritual. Algunas hacen muchos kilómetros hasta llegar al lugar del encuentro. Los cuerpos que las portan son de diferentes sexos, suelen alojarse en cuerpos jóvenes, aunque hay algunos de mediana edad. Una vez que les ha sido franqueada la entrada se dirigen a la sala principal, la más amplia. Preside la sala el Maestro de Ceremonias y Sumo Sacerdote de este encuentro. El sacerdote se encuentra en un lugar elevado similar a un púlpito, nadie puede entrar en su lugar sagrado. Para que nadie profane el Santo Sanctorum, el púlpito esta acristalado y el Maestro de Ceremonias encerrado dentro. El Maestro de Ceremonia está tocado con un gorro ritual que le deja tapada la nuca y la parte de atrás del cuello. Una diadema metálica en sentido trasversal de oreja a oreja le sujeta el gorro. De sus orejas le salen dos cuernos cilíndricos romos y delante de él, a la altura de sus manos, se encuentra el pequeño altar. De su cuello pende un enorme collar de bolas de acero en el que está engarzado un raro símbolo de origen mítico.

La reunión está en su clímax. Del techo cuelgan dos jaulas cerradas, en una se encuentra una mujer joven y en la otra un hombre de edad similar a la joven. Parecen ser las víctimas del sacrificio, están casi desnudos, sus danzas frenéticas denotan que les han tenido que hacer beber alguna pócima. Sudan copiosamente y con sus convulsiones se desprenden gotas de sudor que caen sobre el resto de la asamblea que se encuentra bajo los enjaulados. Junto a las jaulas y a cada uno de sus lados se encuentran dos enormes cajas también colgadas. En estas cajas debe haber alimañas encerradas que no dejan de pegar alaridos fortísimos y sonidos indescifrables. El ruido que sale de las cajas es ensordecedor. La mayoría de los convocados se encuentra a ras de suelo, bajo las cajas y frente a los enjaulados. Participan en una danza desenfrenada y algunos de ellos, que han conseguido llegar a mayor trance, saltan sobre una tarima donde sus convulsiones aumentan, tienen los ojos vidriosos y parecen estar ciegos, con la mirada perdida. Se desprenden de parte de sus ropas y se quedan con los torsos al aire, algunos sólo con los calzoncillos. Estiran sus brazos y los unen por las manos, las convulsiones unas veces son hacia un lado y otras veces hacia el lado contrario, incluso en sus ataques alguno se toca los genitales. A veces sus piernas parecen pegadas a la tarima y quedan inmóviles, mientras sus manos, troncos y cabezas parecen haber perdido el control y tener vida propia, moviéndose escandalosamente. Pero, de pronto, cambian y son sus piernas las que se mueven y sus torsos quedan como estatuas. En sus cuerpos llevan tatuados a sus dioses y a símbolos arcaicos.

Cuentan las leyendas de antiguos akelarres que el Macho Cabrío –Satán– iluminaba la reunión con el cuerno de la frente, con una luz superior a la de la Luna pero inferior al Sol. Aquí es el Maestro de Ceremonias quien controla la luz. De una luz de penumbra pasa a una luz cegadora, oscilando, ahora ves, ahora no. El calor, la danza desenfrenada, los brebajes y alucinógenos hacen que pierdan la noción del tiempo y la realidad. En las milésimas de segundo que duran los fogonazos de luz proporcionados por el Maestro de Ceremonias se ven unos a otros como seres superiores, inmortales, maravillosos. Cuando intentan articular palabras y hablar entre ellos sólo consiguen un intercambio de lluvia de saliva y palabras sin sentido. Pasar de la luz cegadora a la oscuridad produce el efecto óptico y alucinógeno de ver los movimientos de los demás como fotogramas de una película, a veces da la sensación de que se ha congelado la imagen.

Es el Maestro de Ceremonia quien controla todo. Él también está en trance, pero sus arrebatos son más suaves, de vaivén, de adelante hacia atrás, de vez en cuando se toca los cuernos que le salen de las orejas. Desde su púlpito lo controla todo, tiene el poder de hacer callar a las alimañas de las cajas o hacerlas chillar más. Puede pasar de la luz de la noche a la luz del día, también puede hacer que los reunidos se paralicen o se desboquen. Del altar mana todo su poder. En el altar, que se encuentra a la altura de sus manos, dos piedras sagradas finas y circulares de color negro giran. Él con sus manos toca las piedras sagradas y según en que forma lo haga así reaccionará la asamblea.

De pronto todo queda en silencio, la gente deja de moverse y una luz normal como la de este mundo ilumina la escena. El Maestro de Ceremonias se dirige a los reunidos y les dice. "Amigos, son las tres de la tarde. Nuestra discoteca va a cerrar. Os recordamos que todos los fines de semana a las seis de la mañana comienza nuestro After Hour".

Dedicado a mi amigo Yanguas DJ, magnifico Maestro de Ceremonia

Foto y texto ©Paco Molina / Texto publicado ya publicado en el 2002

domingo, octubre 01, 2006


DIAS DE RADIO

Aun conservo en mi casa esta antigua radio que heredé de mis padres. Le he hecho un arreglito con el photoshop. Creo recordarla en el salón de casa desde que tengo uso de razón. De niño me encantaba apretar los botones que decían "Jazz" "Orquesta" "Palabra". Cuando los toqueteaba demasiado, llegaba la voz de mi madre desde la cocina, " ¡Paco, deja los botones, que los vas a romper!". Con los años la radio se tuvo que repartir el cariño de los de la casa con el televisor Fercu, en blanco y negro, el primero que tuvimos. Mi padre prefería escuchar la radio y mi madre ver la tele. Han pasado años pero me parece que fue ayer, cuando yo, ya acostado, oía los pitidos que producía la radio cuado mi padre intentaba, por la onda corta, sintonizar las radios extranjeras que emitían en español, principalmente Radio France Internacional o Radio Tirana. La escuchaba al mínimo volumen, eran los últimos años del franquismo y aun se temía el chivatazo de algún vecino. Era la única forma de saber lo que pasaba en la política española.
No sé porqué escribo estás cosas, me ponen triste, será que echo de menos a Javi que lleva más una semana a varios miles de kilómetros de casa y aun le queda otra semana de estar fuera.

Suena, aparte de la cisterna de mi vecino, que ha debido de tener su momento "All brand", o me imagino que suena, algunas de las voces del magnifico cuadro de actores que tenia Radio Nacional de España, geniales representando teatro radiofónico.

Foto y texto: Paco Molina. Escrito a orillas del Mediterráneo el 1 de octubre de 2006, Tal día como hoy, hace 75 años, las Cortes Constituyentes aprobaron el derecho al sufragio de las mujeres en España.

lunes, septiembre 25, 2006

KO


El púgil aquí fotografiado probablemente se desplazó al combate en avión, tren o bus. Lo hizo, supongo, con todos los papeles en regla. El combate fue uno de los que se celebraron en Sevilla a mediados de los años noventa dentro de los actos de un congreso internacional de boxeo. Para una agencia de prensa gráfica cubrí la información de ese evento.
Sé que el tema de la inmigración es complicado, muy difícil y generador de polémicas. Gobernantes y estudiosos de todo el mundo tratan de hallar soluciones a este drama humano, algunas de las soluciones que plantean son muy poco humanas. Yo no tengo preparación para hablar de este tema, sólo puedo expresar mi humilde opinión basándome sólo en lo que me dicta el corazón.
Salvando todas las distancias que hay entre un combate de boxeo y la llegada de emigrantes subsaharianos en cayucos, veo en este boxeador, tirado en la lona y a segundos de perder el combate por KO, la misma mirada que he visto en esos seres humanos que están llegando a nuestras costas. Igual que al púgil, a los que llegan en cayucos se les acaba el tiempo en su África, un continente entero está a punto de perder por KO, por los golpes que les están dando. El SIDA, el hambre, las guerras, los enfrentamientos religiosos, los desastres naturales, el expolio que hicieron las potencias colonizadoras y los regímenes corruptos han noqueado a millones de seres humanos. La misma mirada perdida, desorientada y llena de incertidumbre que tiene el púgil por mí fotografiado veo en los que llegan buscando algo de futuro. E igual que en la foto, veo una mano blanca que les está contando el tiempo que les queda de esperanza antes de que el juez decrete el KO. 1,2,3,4,5,6,7,8,... ¡Paremos la cuenta!




sábado, septiembre 16, 2006


SEPIA

Las fotos que actualmente nos hacemos con nuestros amigos, dentro de algunos años serán como estas. Descoloridas. Quizás amontonadas en algún mercadillo donde los que nos sobrevivan, o alguien que las ha encontrado en un contenedor de basuras, las han llevado para ser vendidas. Algunas veces las compro para mi colección, las adopto, no quiero que sean huérfanas de vivos. Al final, la vida queda en eso... en fotos color sepia.
http://www.fotolog.com/pacobigmoli


Estas fotos son de mi colección de fotos antiguas. La de la derecha fue tomada en el estudio de E.M. Barreto en San Miguel, Manila ( Filipinas), entonces colonia española, al final del Siglo XIX. Parecen soldados españoles. La otra foto no está identificada pero debe de ser de la misma época

P.S: Las digitales si se pasan a papel, también.

viernes, agosto 25, 2006



VERANO Y SIESTA

Relaciono siempre siesta con verano, aunque en invierno y entre mantas también me gusta echarme alguna, magnífica terapia para los días grises y aburridos. Pero la siesta en verano es imprescindible para mí. Nada más acabar de comer y casi como un zombi me arrastro al dormitorio, sobre todo si, como sucede en los días calurosos, llevo una buena dosis de cervezas en el cuerpo. A veces las obligaciones me hacen reducir la siesta a un breve relax en cualquier sillón o sofá. El despertar de la siesta es también para mí el mejor momento para "hacer el amor", es decir, follar. Recuerdo mis siestas de cuando era un chaval en la casa de mi abuela, en plena campiña sevillana. El calor, la edad y las hormonas revueltas hacían que antes de dejarse caer en el sueño acabara uno con la mano y los calzoncillos pringados. Como fondo musical durante el acto de Onán el cantar de las cigarras o chicharras como se les llama por esas tierras. Y aún sin soltármela, como pajarillo atrapado en la mano, caer en el sopor y no poder evitar cerrar los párpados. ¡ Me entrego a ti, sueño!

Hemos internacionalizado la palabra siesta. Cuando he hablado con extranjeros una de las palabras en español que conocen es siesta, junto a paella, sangría, tapita o chorizo. Vocabulario muy turístico.

No voy a contar aquí las virtudes que le achacan a la siesta, no creo que haga falta hacer apología de esta maravillosa práctica, que es defendida por médicos e incluso, dicen, ayuda a aumentar la productividad en aquellos centros de trabajo dónde el personal come y se les permite un breve relax. Sólo diré que yo, aunque parezca contradictorio, duermo mejor por la noche cuando me he pegado una buena siesta.

Evidentemente no es sólo en España donde se echan siestas. Traigo aquí una foto que hice en Australia. El señor que sestea aprovecha un rato de tranquilidad en su kiosco, situado junto a la estación central de Melbourne. Supongo que acababa de comer, seguramente su menú sería algún plato de "noodles" comprado para "take away" en alguno de los establecimientos de comida china cercanos y aunque no haya habido en su almuerzo gazpacho, paella o sardinas asadas ( menú tan nuestro en verano), y tampoco lo haya regado con cerveza o tinto de verano, no ha podido evitar, igual que nos pasa a nosotros, sucumbir a la llamada de Morfeo. Parece que el dios del sueño es el único que trabaja en verano a medio día. Podrán observar que el buen quiosquero aunque venda la revista Bazaar no se deja influenciar por el "glamour" a la hora de vestir. ¡Hace bien!

Foto:©Paco Molina/ Melbourne (Australia) 2006. http://www.photorecursos.com
Texto: Paco Molina/ Verano 2006. Costa de Almería ( España)

domingo, mayo 21, 2006







Billares


En Australia hay una gran afición al juego del billar. Raro es el pub o bar que no cuente con al menos una mesa de este juego de bolas, tacos y agujeros. En los bares de ambiente gay tampoco faltan las mesas de billar, así que no es nada raro ver a los gays, muchos de ellos osos, armados con el taco y tratando de meter las bolas en el agujero.

Yo nunca he sido aficionado al billar, pero frecuenté billares cuando joven. Casi a diario iba a una pequeña sala de juegos que había en mi barrio de Sevilla. Allí nos reuníamos los amigos para echar una partida de billar, futbolín o de máquina Petaco o flippers, que es como entonces llamábamos a las pinballs. Éramos amigos y vivíamos en el mismo barrio donde me crié, compañeros de colegio y algunos también vecinos del mismo bloque de pisos. Teníamos esa sana camaradería de nuestros años adolescentes y compartíamos muchas cosas, desde el bocadillo de mortadela de la merienda a los cigarrillos sueltos que comprábamos en el quiosco. Fumábamos y después de cada calada al pitillo, casi compulsivamente y al unísono, escupíamos saliva entre los dientes. Eso nos parecía muy de machos. Nos intercambiábamos o nos jugábamos estampas de futbolistas y hablábamos de tebeos (comic), de fútbol, de cómo nos había ido el día en el colegio y de lo mamón que era Don Jacinto, el más odiado de los maestros de nuestro “cole”. También hablábamos de sexo y de los cambios que estaban sufriendo nuestros cuerpos, casi siempre exagerando y, por supuesto, independientemente de lo que de verdad nos pudiera gustar, hablábamos de chicas, de lo buena que estaba tal chavala, aunque por la edad era más imaginación que conocimiento. A veces la conversación acababa en erección, cosa que, al menos para mí, era lo más divertido, ya que el siguiente paso era la paja y, como la cabra siempre tira al monte, incluso desde joven, algunos nos las ingeniábamos para que la paja no fuera solitaria. ¡Bendita edad!

Años después, al final de los 70, de vez en cuando me daba una vuelta por el Café Madrid, unos billares que había en la calle Sierpes de Sevilla y que no tenían la inocencia del billar de mi barrio. En esos billares se reunía una variopinta fauna y, como ya decía en una anterior entrada de este blog titulada “Tatuajes”, entre los asiduos del local estaban muchos jóvenes chaperos que mercadeaban con sus cuerpos y homosexuales que acudían a comprar carne. Aunque los años de posguerra ya quedaban lejos, no debía ser muy diferente al ambiente del billar que retrata Cela en “La colmena”, donde los personajes homosexuales de la novela, Don Julián “la fotógrafa” y “El Astilla”, iban a los billares “a ver posturas”. En la zona de billares del Café Madrid era frecuente ver a los jóvenes chaperos jugar en las máquinas Petaco y alrededor de ellos a algunos “carrozas” pendientes del movimiento de las bolas, que parecían ser impulsadas por la pelvis del chulo más que por los flippers. Algunos no iban sólo “a ver posturas” sino a llevarse a algún “posturitas” a una de las pensiones cercanas y olvidarse por pocas pesetas de la penuria, de la homofobia y del ambiente cutre y casposo que se vivía en aquellos años.

Estos billares de Sevilla también eran frecuentados por jugadores “profesionales”, tipos que se pasaban allí todo el día jugándose el dinero. Sobre el tapete de las mesas se podían ver las apuestas y, en alguna ocasión, vi cantidades de dinero que en aquella época me parecían importantes, con billetes del color del tapete. Ninguno de estos “profesionales” se parecía a Paul Newman en “El buscavidas”. La apariencia de estos buscavidas era la propia de los residentes de los barrios más marginales de la Sevilla de entonces. Los dedos que utilizaban para apoyar la parte delantera del taco a modo de arco estaban amarilleados por la nicotina, las uñas sucias y largas, especialmente las de los dedos meñiques, y sus ropas baratas tampoco estaban en muy buenas condiciones. Sus prematuras arrugas reflejaban la penuria de sus vidas. El alcoholismo, la marginalidad, la falta de trabajo fijo y, en algunos casos, sus antecedentes delictivos hacían que fuera casi imposible salir de ese modo de vida. Algunos lucían grandes anillos o pulseras esclavas de oro, probablemente compradas a algún ditero que les cobraba intereses usureros o eran joyas recibidas como pago por servicios poco legales. Si te acercabas a ellos por la mañana cuando estaban recién levantados, aunque no se hubieran duchado, olían como si se hubieran bañado en colonia barata comprada a granel. Entre los “profesionales” del billar había un hombre que me llamaba la atención por lo grueso que estaba. Tenía que presionar su blanda barriga sobre las bandas de la mesa para poder llegar con el taco a la bola. No se parecía en nada a “el Gordo de Minnesota” (la foto en blanco y negro), papel interpretado magistralmente por Jackie Gleason en la película “El buscavidas”. El compañero de reparto de Paul Newman era mucho más elegante.

Los trileros, los “profesionales” del timo de “¿dónde está la bolita?”, también frecuentaban el billar de la calle Sierpes. Después de haber pegado el sablazo a algún guiri, a algún pueblerino o a algún “enterao”, que pensaba que sus ojos eran más rápidos que las manos del trilero, se repartían los beneficios en algún rincón de los billares. Solían ser muchos a repartir. El negocio necesitaba mucha gente: trilero, ganchos, avistadores y una gran caterva de gente que garantizaba la integridad física del trilero si un “primo” estafado se rebotaba. Las herramientas del negocio eran pocas: unas bolitas de papel, unos pequeños cubiletes o chapas de cerveza, aunque algunos también usaban naipes arqueados a lo largo, y una caja grande de cartón vacía. Y como local, toda la calle Sierpes. A veces se les veía entrar en tropel por la pequeña puerta lateral de los billares que daba a la calle Rivero. La precipitada entrada era debida a que alguno de los avistadores se había percatado de la presencia de algún policía municipal aproximándose al negocio y había gritado “¡agua!”. Cuando pegaban algún palo, y antes de que el incauto reaccionara, el trilero y sus “socios” huían corriendo, cada uno por alguna de las bocacalles de Sierpes, pero al final el “consejo de administración” se reunía en el billar.

Como ya habréis observado, los amigos que aparecen en la foto con la que ilustro esta entrada, fotografía que hice hace poco en una fiesta del Club Bear de Sydney, tienen un “look” infinitamente mejor que los buscavidas que he descrito de la Sevilla de mis años juveniles.

lunes, febrero 13, 2006


¡VAYA CON VALENTÍN!

El todopoderoso Dios del consumismo ha declarado que el 14 de febrero, Día de los Enamorados, sea un día para gastar. Para ese día el mensaje no es “dale un beso”, ya que eso es gratis. El mensaje repetido hasta la saciedad es ¡cómprale! No se libra ningún país o cultura. La globalización, que no sirve para llevar alimentos o medicinas a los países más pobres del planeta, sí sirve para llevar estos mensajes a todo el que pueda gastar algún dinero. Ni las más duras soflamas lanzadas por los ultra ortodoxos de diferentes signos y culturas, que han declarado este día “no apto” para celebrar, ya que es contrario a su religión, cultura o tradición, han servido para evitar que los tortolitos, unas veces sinceramente y otras presionados por el entorno, se regalen algo en ese día. Para los mas pobres será un pequeño detallito, un dulce o cualquier menudencia comprada en una tienda de artículos “Made in China”, artículo que, probablemente, cueste menos dinero hacer que el papel en que se envuelve o la caja roja que lo contiene. Los pudientes tirarán de la visa y sorprenderán a su pareja (a la oficial y, en muchos casos, también a “la otra”) con un artículo de lujo. Dependiendo del cariño, o quizá para apaciguar las tormentas que haya en la relación, así será el regalo. Dicen que no hay nada mejor como regalar diamantes para tranquilizar conciencias, aliviar el dolor de cuernos, o para suplir el abandono en el que se encuentra la pareja debido al exceso de trabajo. Eso parecen decir en sus anuncios los vendedores de diamantes, aunque probablemente el escuchar a la pareja, dedicarle más tiempo o un beso inesperado y sincero sirva más que el brillo de la preciada piedra. ¿Oh quizás no?

¿Quién era ese Valentín? ¿Qué meritos tenía para que la Iglesia lo elevara a los altares?
En casi todos los casos, la vida de los Santos de la primera época del cristianismo es una mezcla de leyendas antiguas, mitos y adaptaciones del antiguo régimen pagano romano al nuevo régimen instaurado por Constantino. Hechos más o menos reales de la época, como persecución, tortura y asesinato de los seguidores de la nueva religión, se aderezaban con algo de mística o hechos sobrenaturales. Así se fabricaban los Santos y mártires. Artistas plásticos de diferentes épocas han pintado a los Santos como seres lánguidos, con los ojos perdidos o mirándose el halo, físicos andróginos y unas posturas que parecen estar flotando en una nube de plumas. También parece que todos los Santos eran aficionados a la colombofilia, no hay ninguno que no se haya pintado con un palomo. Creo que la imagen que han pintado de estos hombre no puede corresponder a la verdad, ya que tenían que haber sido muy fuertes para aguantar las perrerías que les hacían. El catálogo de atrocidades es enorme: latigazos, cadenazos, heridas con cualquier cosa que pueda clavarse, despellejamientos, quemaduras y otras mil formas y maneras hasta acabar con ellos. Para matarlos tenían un buen abanico de métodos, desde ser comidos por fieras, empalados, crucificados o decapitados. Estos primeros cristianos, cuando pasaron de ser perseguidos a perseguidores por hacerse el cristianismo la religión oficial del Imperio, aplicaron con el mismo cariño esas prácticas a los que no aceptaban de buena fe la religión o se desviaban de los principios impuestos por el jefe de la nueva Iglesia. El martirologio y las actas de las prácticas inquisitoriales deben ser el libro de cabecera de cualquier sádico asesino que se precie.

De Valentín no se sabe mucho. Parece que vivió en el Siglo III, era sacerdote cristiano y hay varias historias de por qué fue detenido, torturado y después decapitado. Una cuenta que se opuso a la ley que decretó el Emperador Romano Claudio II referente a prohibir el matrimonio a los hombres jóvenes (los jóvenes en aquella época, dada la esperanza de vida, debían ser niños). El Emperador pensaba que los hombres solteros eran mejores soldados (sin comentarios). Un sacerdote llamado Valentín desobedeció la orden del emperador y secretamente casaba a las parejas jóvenes por el rito cristiano. Otra historia dice que Valentín era un cristiano que hizo amistad con muchos niños (también sin comentarios) y los romanos lo apresaron porque rehusó adorar a sus dioses. Los niños extrañaban a Valentín y le tiraban pequeñas notas a través de las rejas de su ventana. Algunos dicen que éste es el motivo por el que tradicionalmente se envían mensajes postales de felicitación. Otra versión cuenta que Valentín obró el milagro de devolverle la vista a una ciega, hija de su carcelero. Ésta es la que me parece que tiene más morbo. Si leemos la vida de los santos de la primera época del cristianismo y su martirologio veremos que es muy recurrente que estos hombre sintieran aprecio y deseo de hacer el bien a sus captores y torturadores. Algo así como lo que después se ha dado en llamar Síndrome de Estocolmo. Pues el bueno de Valentín sintió un profundo aprecio por el jefe de sus carceleros llamado Asterius. Cuando fue llevado ante él, éste se mofó de la religión cristiana y retó a Valentín a que si su Dios era tan poderoso y misericordioso devolviera la vista a su hija ciega de nacimiento. Y San Valentín lo hizo. Lo bueno que hay que ser para querer hacer el bien a quien te está torturando. ¡Un Santo! Si Asterius era como los jefes de romanos que sacaban en las peplum, o en películas más modernas como Gladiator, con esas falditas cortas con sus tiras de piel alrededor de la cintura, con unas patorras como columnas, algo así como “mayorettes letheronas” y marcando paquete, me imagino al pobre de Valentín diciéndole “yo te hago un milagrito o dos”. A pesar de realizar el milagro, fue decapitado.

Se dice que Valentín fue ejecutado un 14 de febrero y por ese motivo el Papa Gelasio I dedicó ese día a San Valentín. Pero esa fecha esconde algo más terrenal, más relacionado con el sexo, la sangre y el esperma. Los antiguos romanos celebraban el festival de Lupercalia a mediados de febrero. Eran unos ritos para pedir protección contra los lobos. En esa festividad pagana los hombres jóvenes golpeaban a la gente, especialmente a las mujeres, con tiras ensangrentadas de piel de animales porque pensaban que los latigazos las hacía más fértiles. Después de la sesión sado-masoquista se ponían a follar como posesos. Así que muchos historiadores relacionan esa fecha, día de San Valentín, con el festival de Lupercalia y la fertilidad. Parece que ésta es una más de las adaptaciones que hicieron los romanos, tras hacerse cristianos, para adecuar sus festividades paganas a las cristianas y a los decretos religiosos del Obispo de Roma, Jefe de la nueva religión.

Mis mejores deseos para el día de San Valentín y, sí tienes algo que celebrar, no seas rácano con tu pareja y tira de la cartera. Los bancos, las multinacionales, el comercio y las tarjetas de crédito te estarán muy agradecidos por dejarte exprimir.