viernes, agosto 31, 2007


MIS LECTURAS EN LA ORILLA


Último día de agosto. Pero aún queda verano. En algunos lugares de nuestra geografía les tocará sufrir el calor del membrillo. Y en dónde yo estoy quedan bastantes días de playa.
Los meses de verano son propicios para la lectura. Puede uno llevarse varias horas al día leyendo sin agobiarse de las cosas que hay que hacer. Entre julio y agosto mis obligaciones han sido muy caseras y la de ser un buen, espero, anfitrión. También mantener una buena relación diaria con el gordo, y me refiero al gordo de la Cruzcampo, que por cierto, cosas del marketing, le han reducido bastante la barriga en la etiqueta.

Como decía el verano es un tiempo propicio para ponerse al día en lecturas. Algunas veces escoger un buen libro que te enganche y te haga disfrutar plenamente su lectura hasta el final es difícil. Los últimos tres que me he leído han sido un acierto pleno, un pleno al quince. Los tres muy distintos. Han sido “ Suite francesa” de Irene Némirovsky,“Me llamo Rojo” del turco y Premio Nobel de Literatura 2006, Orhan Pamuk, una novela fabulosa, que especialmente la disfrutaran quienes conozcan Estambul y a quienes les gusten los libros, no sólo leerlos sino el libro como objeto bello, es decir que sean bibliófilos. Es un “thriller”, con asesinatos y amor, que se desarrolla en el Estambul del siglo XVI. Y por último uno que me ha dejado impactado,” Kafka en la orilla” de Haruki Murakami.

Durante mi estancia en Sydney iba con frecuencia a la librería Kinokuniya, una librería especializada en diseño gráfico, fotografía y muy especialmente en libros orientales, especialmente japoneses. Allí me pasaba las horas viendo libros y revistas de fotografía y manuales de diseño gráfico. Es una enorme librería, de estas que permiten que curiosees libremente y hasta te puedes sentar a leer los que están sin precintar como display. Además cuenta con una extensísima selección de Manga, así que era normal ver a muchos jóvenes y no tan jóvenes frikis sentados en cualquier rincón con un comic en las manos. Algún día me explayaré hablando de esta interesantísima librería. Fue en la librería Kinokuniya donde por primera vez tuve constancia de “Kafka en la orilla”, en inglés titulado “Kafka on the Shore”. Me sorprendió que llevara mucho tiempo en el stand de los más vendidos, leí alguna reseñas y las solapas y desde entonces he querido leerlo. Aunque allí podía haberlo comprado en inglés o incluso la edición original en japonés, ni que decir tiene que he esperado a que se editara en castellano para meterle mano, no domino lo suficiente el inglés y menos aún el japonés para entender al señor Nakata, uno de los personajes.

“Kafka en la orilla” en un libro muy complejo, rico en referencias culturales clásicas pero escrito con un estilo de absoluta modernidad, que además enseña mucho acerca de lo que es la cultura nipona tradicional y la de los jóvenes y modernísimos japoneses. Tampoco le falta sensualidad y un fino sentido del humor. Es un libro mágico, realismo mágico de ojos rasgados. Lo recomiendo apasionadamente.

Como homenaje a la cultura nipona ilustro el texto con una foto que tomé en la Expo 92 de Sevilla, durante una exhibición de maestros japoneses en el arte de las cometas a quienes acompañaban estos “tamborileros”. ¿O eran coreanos? Estoy peor que el señor Nakata.

Texto© Paco Molina/2007
Foto© Paco Molina/www.photorecursos.com




miércoles, agosto 22, 2007


PELO Y PLUMA LITERARIA



De todos es sabido que los enfrentamientos entre artistas son bastante comunes. A la hora de odiarse ponen la misma capacidad creativa y el mismo talento con el que han sido dotados para las artes que para tratar de hundir al colega que odien. Y lo mismo vale entre artistas de tercera regional que entre grandes divos o monstruos de la creación. La diferencia será que el mayor nivel intelectual de los contrincantes enriquecerá el enfrentamiento, quizás más sutil (aunque no siempre los genios son sutiles), pero también más letal, y en el caso de los más mediocres podrá llegar a ser patética la pelea. En las altas esferas de la intelectualidad daña más una frase culta criticando al contrario que los arañazos que se dan en la cara, en las peleas, las mujerzuelas barriobajeras, aunque se dejen las caras como mapas de carreteras.

La historia de la literatura está llena de enfrentamientos entre literatos. Algunos de estos combates entre profesionales de la pluma han dejado escritas páginas memorables en el mundo de las letras. En lengua castellana tenemos el muy conocido enfrentamiento entre Quevedo y Góngora. ¡Las cosas que se dijeron estos dos hombres! Si se las dijeran autores actuales, muy probablemente acabarían en querellas judiciales. Además, hoy en día, donde lo políticamente correcto impera, algunos de los epítetos que Quevedo le dedicó a Góngora serían tildados, y con toda razón, de antisemitas. Góngora (1561-1627) nació en Córdoba de una familia bien y parece que de origen converso, y por ahí fue por donde le atacó Quevedo. El autor de La vida del Buscón escribe: “yo te untaré mis obras con tocino
porque no me las muerdas, Gongorilla”, una clara alusión a la prohibición que tienen los judíos de comer productos del cerdo. En otro verso le llama perro o, lo que es lo mismo, lo insulta llamándole “perro judío”. Para la nariz de Góngora también tiene alusiones racistas, ya que la describe como la que se le supone a los hebreos. Aunque se dice que ese enfrentamiento era debido a la forma de entender la literatura, cultistas contra conceptistas, parece más visceral que intelectual el aborrecimiento que se tenían. Y no hay una reacción emocional más visceral que la envidia y los celos. Si los celos en las relaciones de pareja pueden llegar a ser mortíferos por temor a los cuernos, entre los escritores y otros profesionales de la creación los produce el que el otro sea más leído, comprado o reconocido.

Más recientemente el enfrentamiento entre Francisco Umbral y Arturo Pérez-Reverte hizo que corrieran ríos de tinta. En esta pelea los escritores no estaban solos, cada uno de ellos contaba con sus padrinos de duelo. Los padrinos de Umbral, atrincherados en El Mundo, desenvainaron las espadas para defender al “maestro Umbral”. (¿Por qué algunos medios llaman a sus propios columnistas maestros?). La guerra llegó a su cenit cuando el “maestro Umbral”, en la presentación de Pasiones Romanas, premio Planeta 2005, se atrevió a decir que "...es la novela sin estilo, pero el estilo es la impronta masculina por excelencia. Está incardinada en las últimas tendencias, que no sabemos si son buenas o malas, pero tampoco Pérez-Reverte tiene estilo y no se le critica por ello". Como no era la primera vez que Umbral se metía con el estilo de Pérez-Reverte, éste le dedicó un artículo en El Semanal titulado “El muelle flojo de Umbral” en el que se despachó a gusto. Poco faltó para que no le diera con un calcetín sudado en la cara al ya anciano Umbral y, si no lo hizo, quizá fue por respeto a la edad. El artículo de replica a las palabras de Umbral no tiene desperdicio, lo llamó de todo. Creo que el artículo pone a Umbral en su sitio, sitio que no puede ser otro que muy bajo ya que el plomo pesa.

Sería muy larga la lista de autores de todos los tiempos que han tenido diferentes tipos de enfrentamientos con sus colegas. Cela dedicaba una de las ediciones de “La familia de Pascual Duarte” de esta manera (cito de memoria): “Dedico esta novela a mis enemigos, que tanto han contribuido al éxito de mi carrera”. En la mayoría de los casos se han justificado los navajazos que se han pegado, sean por escrito o verbales, por desacuerdo en el “estilo” o por entender que lo que escribe el otro no es literatura, por purismo literario. Claro, ninguno dice que le revienta que otro autor contemporáneo sea más reconocido internacionalmente por ser más traducido, que esté en la lista de los más vendidos o que firme más en la Feria del Libro. Porque, claro, la escritura que uno hace es una genialidad y los genios son unos incomprendidos, sobre todo en vida.

Las parrafadas anteriores me han servido para introducir la cuestión que yo quería plantear aquí: cómo un maestro de la literatura puede perder los papeles por una cuestión relacionada con el pelo corporal. ¿Puede un genio de la literatura del Siglo XX llegar a las manos, es decir, a pelearse cuan marino borracho en una taberna portuaria frecuentada por prostitutas y proxenetas, porque le digan que no es un hombre de pelo en pecho? He aquí la historia.

Hemingway fue la imagen del hombre macho norteamericano real (en la ficción eran los personajes del cine). Todo virilidad, gran cazador de leones en África y de mujeres por todo el mundo, gran amante, apasionado del toreo y de emociones fuertes, casado no sé cuántas veces, atrevido explorador, buen bebedor de güisqui, gran viajero. El hombre macho en estado puro. Pero, además, gran escritor, el más popular de su generación. Escritor que sólo sabía escribir de lo que había vivido y detestaba a los escritores que no salían de sus despachos y no habían vivido lo escrito. Si se escribe sobre la guerra hay que haber estado en una y si se escribe sobre la pesca hay que ser un as de la caña. Si no era así, le parecían escritores falsos. Parece que era muy echado para adelante y no toleraba a los melindrosos. Durante décadas fue corresponsal de diarios y revistas, lo que le permitió viajar por todo el mundo, estar en el ojo del huracán de muchos conflictos y ser testigo de actos políticos de una relevancia que modificaron el mundo en que vivió. Esa experiencia como corresponsal y enviado especial fue su “trabajo de campo” que luego convertiría en novelas. En cuanto a su físico, parece que producía estremecimiento en las mujeres, especialmente en las jovencitas amantes de los “daddys”, y he de suponer que también alegraba las pajarillas a más de un hombre. De hecho, sigue habiendo concursos en USA de “look” Hemingway. Hombre de barba blanca y torso lleno de pelos que parecían querer escaparse del pecho para unirse a la barba. Tenía casi siempre un buen color de piel, su gusto por el mar y los espacios abiertos le otorgaba un bronceado perenne, lo que hacía parecer aún más blanca su barba. Aunque ese deseo de aventura también le produjo más de un disgusto, ya que parecía propenso a los accidentes.

Hemingway, igual que otros muchos escritores, tuvo bastantes disputas con compañeros de oficio, pero sin duda la que más me ha sorprendido fue la que tuvo con el escritor Max Eastman, que está relacionada con los pelos del pecho de Ernest, de ahí el título de esta entrada. The New Republic publicó un artículo en 1933 firmado por el también escritor Max Eastman en que el autor aseguraba que Hemingway no era un “verdadero macho” porque “usaba pelo postizo en el pecho”. El artículo, más que cuestionar la virilidad o heterosexualidad de Hemingway, lo que cuestionaba era si los pelos del pecho que lucía eran auténticos. Acusaba a Ernest de tener un ¡bisoñé torácico! Parece una acusación absurda y más proviniendo de un escritor serio (Max Eastman fue especialista en escribir sobre el comunismo, parece que al principio tenía ideas afines al régimen bolchevique, pero luego fue uno de los primeros en denunciar el estalinismo). Si absurda parece la acusación, la reacción del que años después escribiera “Por quién doblan las campanas” tampoco estuvo a la altura que se esperaría de un gran escritor: usar la pluma y no la agresión física. Algunos años después de publicarse el artículo que trataba de dejar el pecho de Hemingway con menos pelos que una bombilla, ambos escritores se encontraron casualmente, estando rodeados de amigos comunes, y Ernest, nada más ver a Eastman, se descubrió el pecho, se pegó unos tirones de sus pelos y demostró la falsedad de la calumnia. Acto seguido se abalanzó sobre el calumniador, lo tiró al suelo, despojó a Max Eastman de su camisa y quedó patente que el calumniador era lampiño, que tenía menos pelos que el chocho de una muñeca y que Ernest Hemingway realmente era un tío de pelo en pecho. Ambos escritores acabaron la disputa como si de una pelea de macarras se tratara, tirándose de los pelos y llamándose uno a otro maricón e impotente. Alguien que presenció la escena comentó que “su imagen (de Hemingway) sufrió un gran deterioro”.
© Foto y texto: Paco Molina /2007


Nota: De la anécdota de los pelos de Hemingway tuve conocimiento al leer un ensayo de Margo Glantz publicado en México en 1984. Al relatar la anécdota me he permitido TEATRALIZARLA algo para quitarle la seriedad del ensayo.



lunes, agosto 13, 2007


EL AKELARRE


Los de este mundo que alguna vez han cruzado el umbral y han entrado en el mundo de ellos y han podido observar una de sus reuniones, han tenido la oportunidad de presenciar uno de los espectáculos más sobrecogedores y dantescos con los que un ser vivo se puede topar. Algunas veces escogen lugares apartados en el extrarradio urbano, pero suelen preferir el casco antiguo de las ciudades. Sus lugares preferidos suelen ser antiguos almacenes, hangares, antiguas cavas e incluso se da la paradoja de que algunas de estas reuniones se realizan en antiguas iglesias y conventos adaptados a su ritual. Suele ser habitual en grandes sótanos o semisótanos. Para que sus reuniones se lleven a cabo y no ser delatados es imprescindible que sus canciones, gritos, lamentos y percusiones con las que se ayudan para llegar al trance y el éxtasis no lleguen al oído de los que estamos en este otro lado, por eso les gustan los anchos y viejos muros. La luz es de panteón, mínima, la imprescindible para orientarse hasta llegar a la gran sala de ceremonias. Para tener acceso a una de estas reuniones hay que ser parte de ellos o al menos parecerlo. Igual que en el reino de Hades, las entradas están protegidas por un can Cerbero o varios. Los guardianes mitológicos del reino de los muertos no obstaculizaban la entrada ni hacían daño a las sombras de los muertos pero vetaban a los vivos. Éstos de ahora, si se percatan de que no formas parte de los iniciados, no te permitirán la entrada. Estas almas llegan de todos los lugares de la ciudad, y han estado toda la noche vagando, preparándose para el gran ritual. Algunas hacen muchos kilómetros hasta llegar al lugar del encuentro. Los cuerpos que las portan son de diferentes sexos, suelen alojarse en cuerpos jóvenes, aunque hay algunos de mediana edad. Una vez que les ha sido franqueada la entrada se dirigen a la sala principal, la más amplia. Preside la sala el Maestro de Ceremonias y Sumo Sacerdote de este encuentro. El sacerdote se encuentra en un lugar elevado similar a un púlpito, nadie puede entrar en su lugar sagrado. Para que nadie profane el Santo Sanctorum, el púlpito esta acristalado y el Maestro de Ceremonias encerrado dentro. El Maestro de Ceremonia está tocado con un gorro ritual que le deja tapada la nuca y la parte de atrás del cuello. Una diadema metálica en sentido trasversal de oreja a oreja le sujeta el gorro. De sus orejas le salen dos cuernos cilíndricos romos y delante de él, a la altura de sus manos, se encuentra el pequeño altar. De su cuello pende un enorme collar de bolas de acero en el que está engarzado un raro símbolo de origen mítico.

La reunión está en su clímax. Del techo cuelgan dos jaulas cerradas, en una se encuentra una mujer joven y en la otra un hombre de edad similar a la joven. Parecen ser las víctimas del sacrificio, están casi desnudos, sus danzas frenéticas denotan que les han tenido que hacer beber alguna pócima. Sudan copiosamente y con sus convulsiones se desprenden gotas de sudor que caen sobre el resto de la asamblea que se encuentra bajo los enjaulados. Junto a las jaulas y a cada uno de sus lados se encuentran dos enormes cajas también colgadas. En estas cajas debe haber alimañas encerradas que no dejan de pegar alaridos fortísimos y sonidos indescifrables. El ruido que sale de las cajas es ensordecedor. La mayoría de los convocados se encuentra a ras de suelo, bajo las cajas y frente a los enjaulados. Participan en una danza desenfrenada y algunos de ellos, que han conseguido llegar a mayor trance, saltan sobre una tarima donde sus convulsiones aumentan, tienen los ojos vidriosos y parecen estar ciegos, con la mirada perdida. Se desprenden de parte de sus ropas y se quedan con los torsos al aire, algunos sólo con los calzoncillos. Estiran sus brazos y los unen por las manos, las convulsiones unas veces son hacia un lado y otras veces hacia el lado contrario, incluso en sus ataques alguno se toca los genitales. A veces sus piernas parecen pegadas a la tarima y quedan inmóviles, mientras sus manos, troncos y cabezas parecen haber perdido el control y tener vida propia, moviéndose escandalosamente. Pero, de pronto, cambian y son sus piernas las que se mueven y sus torsos quedan como estatuas. En sus cuerpos llevan tatuados a sus dioses y a símbolos arcaicos.

Cuentan las leyendas de antiguos akelarres que el Macho Cabrío –Satán– iluminaba la reunión con el cuerno de la frente, con una luz superior a la de la Luna pero inferior al Sol. Aquí es el Maestro de Ceremonias quien controla la luz. De una luz de penumbra pasa a una luz cegadora, oscilando, ahora ves, ahora no. El calor, la danza desenfrenada, los brebajes y alucinógenos hacen que pierdan la noción del tiempo y la realidad. En las milésimas de segundo que duran los fogonazos de luz proporcionados por el Maestro de Ceremonias se ven unos a otros como seres superiores, inmortales, maravillosos. Cuando intentan articular palabras y hablar entre ellos sólo consiguen un intercambio de lluvia de saliva y palabras sin sentido. Pasar de la luz cegadora a la oscuridad produce el efecto óptico y alucinógeno de ver los movimientos de los demás como fotogramas de una película, a veces da la sensación de que se ha congelado la imagen.

Es el Maestro de Ceremonia quien controla todo. Él también está en trance, pero sus arrebatos son más suaves, de vaivén, de adelante hacia atrás, de vez en cuando se toca los cuernos que le salen de las orejas. Desde su púlpito lo controla todo, tiene el poder de hacer callar a las alimañas de las cajas o hacerlas chillar más. Puede pasar de la luz de la noche a la luz del día, también puede hacer que los reunidos se paralicen o se desboquen. Del altar mana todo su poder. En el altar, que se encuentra a la altura de sus manos, dos piedras sagradas finas y circulares de color negro giran. Él con sus manos toca las piedras sagradas y según en que forma lo haga así reaccionará la asamblea.

De pronto todo queda en silencio, la gente deja de moverse y una luz normal como la de este mundo ilumina la escena. El Maestro de Ceremonias se dirige a los reunidos y les dice. "Amigos, son las tres de la tarde. Nuestra discoteca va a cerrar. Os recordamos que todos los fines de semana a las seis de la mañana comienza nuestro After Hour".

Dedicado a mi amigo Yanguas DJ, magnifico Maestro de Ceremonia

Foto y texto ©Paco Molina / Texto publicado ya publicado en el 2002

domingo, octubre 01, 2006


DIAS DE RADIO

Aun conservo en mi casa esta antigua radio que heredé de mis padres. Le he hecho un arreglito con el photoshop. Creo recordarla en el salón de casa desde que tengo uso de razón. De niño me encantaba apretar los botones que decían "Jazz" "Orquesta" "Palabra". Cuando los toqueteaba demasiado, llegaba la voz de mi madre desde la cocina, " ¡Paco, deja los botones, que los vas a romper!". Con los años la radio se tuvo que repartir el cariño de los de la casa con el televisor Fercu, en blanco y negro, el primero que tuvimos. Mi padre prefería escuchar la radio y mi madre ver la tele. Han pasado años pero me parece que fue ayer, cuando yo, ya acostado, oía los pitidos que producía la radio cuado mi padre intentaba, por la onda corta, sintonizar las radios extranjeras que emitían en español, principalmente Radio France Internacional o Radio Tirana. La escuchaba al mínimo volumen, eran los últimos años del franquismo y aun se temía el chivatazo de algún vecino. Era la única forma de saber lo que pasaba en la política española.
No sé porqué escribo estás cosas, me ponen triste, será que echo de menos a Javi que lleva más una semana a varios miles de kilómetros de casa y aun le queda otra semana de estar fuera.

Suena, aparte de la cisterna de mi vecino, que ha debido de tener su momento "All brand", o me imagino que suena, algunas de las voces del magnifico cuadro de actores que tenia Radio Nacional de España, geniales representando teatro radiofónico.

Foto y texto: Paco Molina. Escrito a orillas del Mediterráneo el 1 de octubre de 2006, Tal día como hoy, hace 75 años, las Cortes Constituyentes aprobaron el derecho al sufragio de las mujeres en España.

lunes, septiembre 25, 2006

KO


El púgil aquí fotografiado probablemente se desplazó al combate en avión, tren o bus. Lo hizo, supongo, con todos los papeles en regla. El combate fue uno de los que se celebraron en Sevilla a mediados de los años noventa dentro de los actos de un congreso internacional de boxeo. Para una agencia de prensa gráfica cubrí la información de ese evento.
Sé que el tema de la inmigración es complicado, muy difícil y generador de polémicas. Gobernantes y estudiosos de todo el mundo tratan de hallar soluciones a este drama humano, algunas de las soluciones que plantean son muy poco humanas. Yo no tengo preparación para hablar de este tema, sólo puedo expresar mi humilde opinión basándome sólo en lo que me dicta el corazón.
Salvando todas las distancias que hay entre un combate de boxeo y la llegada de emigrantes subsaharianos en cayucos, veo en este boxeador, tirado en la lona y a segundos de perder el combate por KO, la misma mirada que he visto en esos seres humanos que están llegando a nuestras costas. Igual que al púgil, a los que llegan en cayucos se les acaba el tiempo en su África, un continente entero está a punto de perder por KO, por los golpes que les están dando. El SIDA, el hambre, las guerras, los enfrentamientos religiosos, los desastres naturales, el expolio que hicieron las potencias colonizadoras y los regímenes corruptos han noqueado a millones de seres humanos. La misma mirada perdida, desorientada y llena de incertidumbre que tiene el púgil por mí fotografiado veo en los que llegan buscando algo de futuro. E igual que en la foto, veo una mano blanca que les está contando el tiempo que les queda de esperanza antes de que el juez decrete el KO. 1,2,3,4,5,6,7,8,... ¡Paremos la cuenta!




sábado, septiembre 16, 2006


SEPIA

Las fotos que actualmente nos hacemos con nuestros amigos, dentro de algunos años serán como estas. Descoloridas. Quizás amontonadas en algún mercadillo donde los que nos sobrevivan, o alguien que las ha encontrado en un contenedor de basuras, las han llevado para ser vendidas. Algunas veces las compro para mi colección, las adopto, no quiero que sean huérfanas de vivos. Al final, la vida queda en eso... en fotos color sepia.
http://www.fotolog.com/pacobigmoli


Estas fotos son de mi colección de fotos antiguas. La de la derecha fue tomada en el estudio de E.M. Barreto en San Miguel, Manila ( Filipinas), entonces colonia española, al final del Siglo XIX. Parecen soldados españoles. La otra foto no está identificada pero debe de ser de la misma época

P.S: Las digitales si se pasan a papel, también.

viernes, agosto 25, 2006



VERANO Y SIESTA

Relaciono siempre siesta con verano, aunque en invierno y entre mantas también me gusta echarme alguna, magnífica terapia para los días grises y aburridos. Pero la siesta en verano es imprescindible para mí. Nada más acabar de comer y casi como un zombi me arrastro al dormitorio, sobre todo si, como sucede en los días calurosos, llevo una buena dosis de cervezas en el cuerpo. A veces las obligaciones me hacen reducir la siesta a un breve relax en cualquier sillón o sofá. El despertar de la siesta es también para mí el mejor momento para "hacer el amor", es decir, follar. Recuerdo mis siestas de cuando era un chaval en la casa de mi abuela, en plena campiña sevillana. El calor, la edad y las hormonas revueltas hacían que antes de dejarse caer en el sueño acabara uno con la mano y los calzoncillos pringados. Como fondo musical durante el acto de Onán el cantar de las cigarras o chicharras como se les llama por esas tierras. Y aún sin soltármela, como pajarillo atrapado en la mano, caer en el sopor y no poder evitar cerrar los párpados. ¡ Me entrego a ti, sueño!

Hemos internacionalizado la palabra siesta. Cuando he hablado con extranjeros una de las palabras en español que conocen es siesta, junto a paella, sangría, tapita o chorizo. Vocabulario muy turístico.

No voy a contar aquí las virtudes que le achacan a la siesta, no creo que haga falta hacer apología de esta maravillosa práctica, que es defendida por médicos e incluso, dicen, ayuda a aumentar la productividad en aquellos centros de trabajo dónde el personal come y se les permite un breve relax. Sólo diré que yo, aunque parezca contradictorio, duermo mejor por la noche cuando me he pegado una buena siesta.

Evidentemente no es sólo en España donde se echan siestas. Traigo aquí una foto que hice en Australia. El señor que sestea aprovecha un rato de tranquilidad en su kiosco, situado junto a la estación central de Melbourne. Supongo que acababa de comer, seguramente su menú sería algún plato de "noodles" comprado para "take away" en alguno de los establecimientos de comida china cercanos y aunque no haya habido en su almuerzo gazpacho, paella o sardinas asadas ( menú tan nuestro en verano), y tampoco lo haya regado con cerveza o tinto de verano, no ha podido evitar, igual que nos pasa a nosotros, sucumbir a la llamada de Morfeo. Parece que el dios del sueño es el único que trabaja en verano a medio día. Podrán observar que el buen quiosquero aunque venda la revista Bazaar no se deja influenciar por el "glamour" a la hora de vestir. ¡Hace bien!

Foto:©Paco Molina/ Melbourne (Australia) 2006. http://www.photorecursos.com
Texto: Paco Molina/ Verano 2006. Costa de Almería ( España)

domingo, mayo 21, 2006







Billares


En Australia hay una gran afición al juego del billar. Raro es el pub o bar que no cuente con al menos una mesa de este juego de bolas, tacos y agujeros. En los bares de ambiente gay tampoco faltan las mesas de billar, así que no es nada raro ver a los gays, muchos de ellos osos, armados con el taco y tratando de meter las bolas en el agujero.

Yo nunca he sido aficionado al billar, pero frecuenté billares cuando joven. Casi a diario iba a una pequeña sala de juegos que había en mi barrio de Sevilla. Allí nos reuníamos los amigos para echar una partida de billar, futbolín o de máquina Petaco o flippers, que es como entonces llamábamos a las pinballs. Éramos amigos y vivíamos en el mismo barrio donde me crié, compañeros de colegio y algunos también vecinos del mismo bloque de pisos. Teníamos esa sana camaradería de nuestros años adolescentes y compartíamos muchas cosas, desde el bocadillo de mortadela de la merienda a los cigarrillos sueltos que comprábamos en el quiosco. Fumábamos y después de cada calada al pitillo, casi compulsivamente y al unísono, escupíamos saliva entre los dientes. Eso nos parecía muy de machos. Nos intercambiábamos o nos jugábamos estampas de futbolistas y hablábamos de tebeos (comic), de fútbol, de cómo nos había ido el día en el colegio y de lo mamón que era Don Jacinto, el más odiado de los maestros de nuestro “cole”. También hablábamos de sexo y de los cambios que estaban sufriendo nuestros cuerpos, casi siempre exagerando y, por supuesto, independientemente de lo que de verdad nos pudiera gustar, hablábamos de chicas, de lo buena que estaba tal chavala, aunque por la edad era más imaginación que conocimiento. A veces la conversación acababa en erección, cosa que, al menos para mí, era lo más divertido, ya que el siguiente paso era la paja y, como la cabra siempre tira al monte, incluso desde joven, algunos nos las ingeniábamos para que la paja no fuera solitaria. ¡Bendita edad!

Años después, al final de los 70, de vez en cuando me daba una vuelta por el Café Madrid, unos billares que había en la calle Sierpes de Sevilla y que no tenían la inocencia del billar de mi barrio. En esos billares se reunía una variopinta fauna y, como ya decía en una anterior entrada de este blog titulada “Tatuajes”, entre los asiduos del local estaban muchos jóvenes chaperos que mercadeaban con sus cuerpos y homosexuales que acudían a comprar carne. Aunque los años de posguerra ya quedaban lejos, no debía ser muy diferente al ambiente del billar que retrata Cela en “La colmena”, donde los personajes homosexuales de la novela, Don Julián “la fotógrafa” y “El Astilla”, iban a los billares “a ver posturas”. En la zona de billares del Café Madrid era frecuente ver a los jóvenes chaperos jugar en las máquinas Petaco y alrededor de ellos a algunos “carrozas” pendientes del movimiento de las bolas, que parecían ser impulsadas por la pelvis del chulo más que por los flippers. Algunos no iban sólo “a ver posturas” sino a llevarse a algún “posturitas” a una de las pensiones cercanas y olvidarse por pocas pesetas de la penuria, de la homofobia y del ambiente cutre y casposo que se vivía en aquellos años.

Estos billares de Sevilla también eran frecuentados por jugadores “profesionales”, tipos que se pasaban allí todo el día jugándose el dinero. Sobre el tapete de las mesas se podían ver las apuestas y, en alguna ocasión, vi cantidades de dinero que en aquella época me parecían importantes, con billetes del color del tapete. Ninguno de estos “profesionales” se parecía a Paul Newman en “El buscavidas”. La apariencia de estos buscavidas era la propia de los residentes de los barrios más marginales de la Sevilla de entonces. Los dedos que utilizaban para apoyar la parte delantera del taco a modo de arco estaban amarilleados por la nicotina, las uñas sucias y largas, especialmente las de los dedos meñiques, y sus ropas baratas tampoco estaban en muy buenas condiciones. Sus prematuras arrugas reflejaban la penuria de sus vidas. El alcoholismo, la marginalidad, la falta de trabajo fijo y, en algunos casos, sus antecedentes delictivos hacían que fuera casi imposible salir de ese modo de vida. Algunos lucían grandes anillos o pulseras esclavas de oro, probablemente compradas a algún ditero que les cobraba intereses usureros o eran joyas recibidas como pago por servicios poco legales. Si te acercabas a ellos por la mañana cuando estaban recién levantados, aunque no se hubieran duchado, olían como si se hubieran bañado en colonia barata comprada a granel. Entre los “profesionales” del billar había un hombre que me llamaba la atención por lo grueso que estaba. Tenía que presionar su blanda barriga sobre las bandas de la mesa para poder llegar con el taco a la bola. No se parecía en nada a “el Gordo de Minnesota” (la foto en blanco y negro), papel interpretado magistralmente por Jackie Gleason en la película “El buscavidas”. El compañero de reparto de Paul Newman era mucho más elegante.

Los trileros, los “profesionales” del timo de “¿dónde está la bolita?”, también frecuentaban el billar de la calle Sierpes. Después de haber pegado el sablazo a algún guiri, a algún pueblerino o a algún “enterao”, que pensaba que sus ojos eran más rápidos que las manos del trilero, se repartían los beneficios en algún rincón de los billares. Solían ser muchos a repartir. El negocio necesitaba mucha gente: trilero, ganchos, avistadores y una gran caterva de gente que garantizaba la integridad física del trilero si un “primo” estafado se rebotaba. Las herramientas del negocio eran pocas: unas bolitas de papel, unos pequeños cubiletes o chapas de cerveza, aunque algunos también usaban naipes arqueados a lo largo, y una caja grande de cartón vacía. Y como local, toda la calle Sierpes. A veces se les veía entrar en tropel por la pequeña puerta lateral de los billares que daba a la calle Rivero. La precipitada entrada era debida a que alguno de los avistadores se había percatado de la presencia de algún policía municipal aproximándose al negocio y había gritado “¡agua!”. Cuando pegaban algún palo, y antes de que el incauto reaccionara, el trilero y sus “socios” huían corriendo, cada uno por alguna de las bocacalles de Sierpes, pero al final el “consejo de administración” se reunía en el billar.

Como ya habréis observado, los amigos que aparecen en la foto con la que ilustro esta entrada, fotografía que hice hace poco en una fiesta del Club Bear de Sydney, tienen un “look” infinitamente mejor que los buscavidas que he descrito de la Sevilla de mis años juveniles.

lunes, febrero 13, 2006


¡VAYA CON VALENTÍN!

El todopoderoso Dios del consumismo ha declarado que el 14 de febrero, Día de los Enamorados, sea un día para gastar. Para ese día el mensaje no es “dale un beso”, ya que eso es gratis. El mensaje repetido hasta la saciedad es ¡cómprale! No se libra ningún país o cultura. La globalización, que no sirve para llevar alimentos o medicinas a los países más pobres del planeta, sí sirve para llevar estos mensajes a todo el que pueda gastar algún dinero. Ni las más duras soflamas lanzadas por los ultra ortodoxos de diferentes signos y culturas, que han declarado este día “no apto” para celebrar, ya que es contrario a su religión, cultura o tradición, han servido para evitar que los tortolitos, unas veces sinceramente y otras presionados por el entorno, se regalen algo en ese día. Para los mas pobres será un pequeño detallito, un dulce o cualquier menudencia comprada en una tienda de artículos “Made in China”, artículo que, probablemente, cueste menos dinero hacer que el papel en que se envuelve o la caja roja que lo contiene. Los pudientes tirarán de la visa y sorprenderán a su pareja (a la oficial y, en muchos casos, también a “la otra”) con un artículo de lujo. Dependiendo del cariño, o quizá para apaciguar las tormentas que haya en la relación, así será el regalo. Dicen que no hay nada mejor como regalar diamantes para tranquilizar conciencias, aliviar el dolor de cuernos, o para suplir el abandono en el que se encuentra la pareja debido al exceso de trabajo. Eso parecen decir en sus anuncios los vendedores de diamantes, aunque probablemente el escuchar a la pareja, dedicarle más tiempo o un beso inesperado y sincero sirva más que el brillo de la preciada piedra. ¿Oh quizás no?

¿Quién era ese Valentín? ¿Qué meritos tenía para que la Iglesia lo elevara a los altares?
En casi todos los casos, la vida de los Santos de la primera época del cristianismo es una mezcla de leyendas antiguas, mitos y adaptaciones del antiguo régimen pagano romano al nuevo régimen instaurado por Constantino. Hechos más o menos reales de la época, como persecución, tortura y asesinato de los seguidores de la nueva religión, se aderezaban con algo de mística o hechos sobrenaturales. Así se fabricaban los Santos y mártires. Artistas plásticos de diferentes épocas han pintado a los Santos como seres lánguidos, con los ojos perdidos o mirándose el halo, físicos andróginos y unas posturas que parecen estar flotando en una nube de plumas. También parece que todos los Santos eran aficionados a la colombofilia, no hay ninguno que no se haya pintado con un palomo. Creo que la imagen que han pintado de estos hombre no puede corresponder a la verdad, ya que tenían que haber sido muy fuertes para aguantar las perrerías que les hacían. El catálogo de atrocidades es enorme: latigazos, cadenazos, heridas con cualquier cosa que pueda clavarse, despellejamientos, quemaduras y otras mil formas y maneras hasta acabar con ellos. Para matarlos tenían un buen abanico de métodos, desde ser comidos por fieras, empalados, crucificados o decapitados. Estos primeros cristianos, cuando pasaron de ser perseguidos a perseguidores por hacerse el cristianismo la religión oficial del Imperio, aplicaron con el mismo cariño esas prácticas a los que no aceptaban de buena fe la religión o se desviaban de los principios impuestos por el jefe de la nueva Iglesia. El martirologio y las actas de las prácticas inquisitoriales deben ser el libro de cabecera de cualquier sádico asesino que se precie.

De Valentín no se sabe mucho. Parece que vivió en el Siglo III, era sacerdote cristiano y hay varias historias de por qué fue detenido, torturado y después decapitado. Una cuenta que se opuso a la ley que decretó el Emperador Romano Claudio II referente a prohibir el matrimonio a los hombres jóvenes (los jóvenes en aquella época, dada la esperanza de vida, debían ser niños). El Emperador pensaba que los hombres solteros eran mejores soldados (sin comentarios). Un sacerdote llamado Valentín desobedeció la orden del emperador y secretamente casaba a las parejas jóvenes por el rito cristiano. Otra historia dice que Valentín era un cristiano que hizo amistad con muchos niños (también sin comentarios) y los romanos lo apresaron porque rehusó adorar a sus dioses. Los niños extrañaban a Valentín y le tiraban pequeñas notas a través de las rejas de su ventana. Algunos dicen que éste es el motivo por el que tradicionalmente se envían mensajes postales de felicitación. Otra versión cuenta que Valentín obró el milagro de devolverle la vista a una ciega, hija de su carcelero. Ésta es la que me parece que tiene más morbo. Si leemos la vida de los santos de la primera época del cristianismo y su martirologio veremos que es muy recurrente que estos hombre sintieran aprecio y deseo de hacer el bien a sus captores y torturadores. Algo así como lo que después se ha dado en llamar Síndrome de Estocolmo. Pues el bueno de Valentín sintió un profundo aprecio por el jefe de sus carceleros llamado Asterius. Cuando fue llevado ante él, éste se mofó de la religión cristiana y retó a Valentín a que si su Dios era tan poderoso y misericordioso devolviera la vista a su hija ciega de nacimiento. Y San Valentín lo hizo. Lo bueno que hay que ser para querer hacer el bien a quien te está torturando. ¡Un Santo! Si Asterius era como los jefes de romanos que sacaban en las peplum, o en películas más modernas como Gladiator, con esas falditas cortas con sus tiras de piel alrededor de la cintura, con unas patorras como columnas, algo así como “mayorettes letheronas” y marcando paquete, me imagino al pobre de Valentín diciéndole “yo te hago un milagrito o dos”. A pesar de realizar el milagro, fue decapitado.

Se dice que Valentín fue ejecutado un 14 de febrero y por ese motivo el Papa Gelasio I dedicó ese día a San Valentín. Pero esa fecha esconde algo más terrenal, más relacionado con el sexo, la sangre y el esperma. Los antiguos romanos celebraban el festival de Lupercalia a mediados de febrero. Eran unos ritos para pedir protección contra los lobos. En esa festividad pagana los hombres jóvenes golpeaban a la gente, especialmente a las mujeres, con tiras ensangrentadas de piel de animales porque pensaban que los latigazos las hacía más fértiles. Después de la sesión sado-masoquista se ponían a follar como posesos. Así que muchos historiadores relacionan esa fecha, día de San Valentín, con el festival de Lupercalia y la fertilidad. Parece que ésta es una más de las adaptaciones que hicieron los romanos, tras hacerse cristianos, para adecuar sus festividades paganas a las cristianas y a los decretos religiosos del Obispo de Roma, Jefe de la nueva religión.

Mis mejores deseos para el día de San Valentín y, sí tienes algo que celebrar, no seas rácano con tu pareja y tira de la cartera. Los bancos, las multinacionales, el comercio y las tarjetas de crédito te estarán muy agradecidos por dejarte exprimir.

miércoles, enero 18, 2006



UNIFORMES

Gays que se ponen uniformes militares o policiales hay muchos. Cuidan al mínimo los detalles. En alguna ocasión he visto a alguno tan perfectamente vestido de policía motorizado de los Estados Unidos que, de no haberlos visto en determinado lugar o a ciertas horas, podría estar en duda de si era o no policía de verdad. Hubo un tipo que, por la forma de mirarme, parecía que iba a pedirme la documentación de un momento a otro. Al final lo que hizo fue hacerme la prueba del alcohol, pero en lugar de hacerme soplar, aspiró. La primera vez que visité Colonia, Alemania, en 1995, me llamó la atención la cantidad de gente que había uniformada en la zona gay. Aquello parecía el Día de las Fuerzas Armadas y que después del desfile la tropa había decido ir a tomar unas cervezas al barrio gay. Y no sólo la tropa. Por la edad, había más de un general. De algunos cinturones colgaban porras, cartucheras y hasta granadas de plástico. Sin llegar a esos extremos en el atrezzo, a otros nos gusta llevar algún detallito. Yo, por ejemplo, suelo ponerme al cuello una placa de identificación militar. Mi placa es real, no la he comprado en ninguna tienda de parafernalia militar o de complementos para modernos. Se la dieron a mi pareja cuando, estando en edad de movilización, residió en un país del norte de Europa. Su nombre y algunos datos aparecen grabados en la placa y también he hecho que graben el mío. Tengo un pantalón de camuflaje y mi última adquisición ha sido una camisa caqui, comprada en Sydney, con galones y el nombre del soldado a quien perteneció. El nombre se lo he quitado y la graduación me parece baja (a mi edad no se puede ser sólo sargento, a no ser que se sea chusquero), así que acabaré quitando los galones. Sólo me he “militarizado” para un par de fiestas.

Novelas, cine y series de televisión han hecho que la policía de Nueva York sea conocida en el mundo entero. Los uniformes de los hombres de azul los hemos visto tantas veces que el anagrama del NYPD debe de ser uno de los más famosos del mundo. Si pensamos en NYC posiblemente primero aparecerá en nuestra mente el logotipo de la ciudad, el genial diseño gráfico realizado por Milton Glaser en 1973 “I LOVE NY” (en el que un corazón rojo sustituye la palabra “Love”), quizá imaginemos a taxis amarillos por la Quinta Avenida y, más pronto que tarde, veremos patrullar por las calles, porra en mano, a los hombres de azul. A los turistas les gusta fotografiarse con ellos. La policía de Nueva York vende. Y vende una barbaridad. Es impresionante el éxito que tiene el “merchandising” del NYPD: camisetas, gorras, tazas de café, bolígrafos, etc.

Para comprar camisetas los mejores clientes deben de ser los gays. No hay gay que se precie que no se traiga de NYC una camiseta ajustadita del NYPD, ya sea para lucir músculos o michelines. Nunca sé si estos souvenir “ponibles” que traemos de fuera los compramos porque nos gustan o para dejar patente que hemos estado allí, que estamos viajados. ¿Qué razón hay para que sean las camisetas con el anagrama y escudo del NYPD las que más se vean en el ambiente? ¿No podría ser otro cuerpo policial? Imaginemos. Con la enorme cantidad de turistas que visitan España, más de 60 millones el año pasado y muchos de ellos gays, quizá la dirección de la Guardia Civil podría poner a la venta (no sé si ya se hace) camisetas y tricornios en tiendas de souvenir . Aprovechando la enorme publicidad que ha supuesto que el Papa Benedicto XVI se haya puesto un tricornio (a S.S. parece que también le encanta un uniforme, ya que en su corto papado además del tricornio, la mitra y el solideo, le hemos visto encasquetarse un casco de bombero, un “colbacco”-sombrero con plumas de los carabineros y del ejercito italiano-, y un gorro de Papa Noel) y haciendo una buena campaña de “merchandaise” al estilo del que hace el Real Madrid con sus camisetas, es posible que en poco tiempo se pusieran de moda en Europa las de la Benemérita. Los turistas volverían a sus países cargados con camisetas para lucirlas en los locales, especialmente en aquellos que se exige “dress code”. Los Eagle, Cox, RoB (por nombrar sólo algunos) llenos de tipos luciendo camisetas del cuerpo fundado por el Duque de Ahumada. ¿Lo podéis imaginar?

Ya sé que el tirón mediático a nivel mundial de los hombres de azul de Nueva York es superior al de los hombres de verde. Los policías de las calles de Nueva York son más “de película”, aunque a los nuestros también los hemos sacado en el cine (véase “El Lute”). Eso sí, los actores que hacían de guardias en la película de Vicente Aranda andaban más escasitos de músculos (no estaban de moda los gym) que los “súper policías” de pego que veo aquí en el ambiente con las camisetas del NYPD. Estos tienen una apariencia física envidiable, verdaderas montañas de músculos y clembuterol, y algunos tan metidos en el papel, que parecen estar actuando en un film de Hollywood y creyéndose un poquito Rambo. Lástima que a mí me guste más el cine de Woody Allen.

martes, enero 10, 2006


TATUAJES Continuación

Nuestra especie se viene tatuando desde hace miles de años. Se encontró hace unos años en un glaciar entre Austria e Italia a un cazador neolítico congelado. En el cuerpo congelado se pudo apreciar, debido a su buena conservación, que llevaba tatuajes. Se estimó que vivió hace más de 5000 años. Antes de ese descubrimiento, los tatuajes más antiguos que se tenían documentados eran los de la momia egipcia Amunet, que vivió unos 2000 años antes de Cristo. Parece que era muy común el tatuaje en el Egipto de los faraones. Solían tatuarse a sus divinidades.

Después del cautiverio en Egipto, la Ley Mosaica prohibió el tatuaje para los hebreos. Se lee en la Biblia: “No se harán incisiones en la carne… tampoco tatuajes sobre la piel" (Levítico 19:28). Según la interpretación talmúdica, los tatuajes son inaceptables “para el pueblo elegido” porque ellos son derivados de las costumbres paganas. Esa prohibición continuó hasta los cristianos. Cuando Constantino hace de la religión cristiana la oficial del Imperio Romano, decreta la prohibición del tatuar a los esclavos, práctica que era común para marcarlos, cosa que también hacían los griegos con los delincuentes.

En el mundo occidental cristiano se mantuvo esa prohibición y eran mal vistos los tatuajes por las diferentes iglesias cristianas, aunque parece que algunos cruzados antes de iniciar el viaje a Tierra Santa se tatuaban cruces. Hasta hoy en día se sigue polemizando en las iglesias cristianas sobre el tema de los tatuajes. Hay personas de convicciones religiosas que aprueban el tatuaje, hay incluso una asociación de tatuadores religiosos. Otros demonizan la práctica del tatuaje. Leo en una web cristiana: “Los tatuajes que presentan una mayor preocupación pastoral son los que representan afiliación a pandillas, a falsas espiritualidades como la Nueva Era, al ocultismo, etc. Estos tatuajes suelen incluir formas grotescas o signos agresivos o irreverentes. Ningún cristiano debe utilizar este tipo de tatuaje ni permitirlo a sus hijos.” La página es obra de Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María (corazones traspasados… ¿es eso piercing?).

Mientras en la zona del mundo con influencia de la religión cristiana y de la cultura occidental el tatuaje casi desapareció, en la otra parte del mundo floreció. En Japón, China y en las islas polinesias alcanzó un gran virtuosismo, muy especialmente entre los maoríes. Los marineros que viajaban con el explorador inglés James Cook (el mismo que declaró británica, tras su desembarco, a Australia) en sus viajes por los Mares del Sur en el Siglo XVIII descubrieron el tatuaje y aprendieron la técnica que utilizaban los maoríes. Entre los marinos ingleses empezó a popularizarse el tatuaje y de puerto en puerto la práctica de hacerse tatuajes entre los hombres de la mar se fue extendiendo. Durante muchos años el tatuaje se identificó con marinos y con los ambientes más aventureros, exóticos o sórdidos de las ciudades portuarias. La canción Tatuaje, que ya comentaba en la primera parte de este post, habla de marineros extranjeros, tabernas portuarias, de aguardiente, de amores imposibles y se intuye que la mujer protagonista de la canción ejercía la prostitución.

En los años sesenta empezaron a verse en España tatuajes. En aquella época tan sólo algunos marineros, los legionarios o gente marginal estaban tatuados. Con el “boom” turístico español de los años setenta, en las playas españolas se empezaron a ver a muchos “guiris” con sus brazos tatuados. A partir del final de los ochenta mucha gente de ambiente gay empezó a tatuarse en España. En los últimos años el tatuarse se ha convertido en moda. Los diseños y motivos han ido variando en estos años de proliferación del tatuaje, desde unos pequeños y discretos hasta los que ocupan gran parte del cuerpo.

El tatuaje, al convertirse en moda y llegar a todas las esferas sociales, ha perdido gran parte de su connotación de marginalidad o rebeldía (multimillonarios ídolos del deporte o de la música exhiben sus tatuajes y los convierten en moda popular entre sus seguidores o imitadores, quizá algunos creyendo que pueden dar la misma imagen de éxito, de riqueza o estilo que sus ídolos). Aunque hay tatuajes y tatuajes. Hay muchos con carácter provocativo. Entre grupos pandilleros pueden llevar implícito mensajes violentos, pero en líneas generales llevar hoy un tatuaje simplemente es moda. Muchos de los tatuajes no llevan tras de sí una historia, simplemente se va al tatuador, se escoge un diseño y listo. Quitar un tatuaje es más difícil, caro y doloroso que hacérselo. La gran mayoría de las veces, la decisión de quitarse un tatuaje está relacionada con el desamor. El nombre de tu chico o chica, que te tatuaste por amor, después de la ruptura puede ser aborrecible. También se suelen quitar algunos de carácter ideológico si se ha evolucionado hasta otras posiciones políticas o religiosas.

En las playas, saunas y discotecas de Sydney se ve mucha gente tatuada y, por la calidad que se aprecia, debe de haber muy buenos tatuadores. Es muy elevado el porcentaje de hombres entre 20 y 40 años que están tatuados, muy especialmente entre los gays. En la fiesta gay Sleaze, que servía para recaudar fondos para el Mardi Gras 2006 y a la que asistimos unas 7000 personas, era difícil ver un cuerpo sin tatuajes. Está tan popularizado aquí el tatuaje que creo que puede ser señal de individualismo o insumisión al “establishment” gay no tenerlo. Esa “desmarginalización” del tatuaje hace que personas de toda clase, estilo y cultura estén tatuados. Puedes encontrarte a chicos muy “light”, que practican un sexo muy “vanilla” y que son incapaces de matar a una mosca llevar unos tatuajes durísimos. ¡Hasta los curas los llevan!

En febrero de 2005 estuve en Roma. En la sauna Mediterráneo conocí a un tipo con quien pasé un buen rato. Llevaba un tatuaje en uno de sus glúteos. Me dijo que era italiano pero que no vivía en Roma, estaba sólo unos días por cuestiones de trabajo. Mi sorpresa fue cruzarme con él, al día siguiente, en la Piazza Navona y ver que era sacerdote. Llevaba alzacuellos e iba acompañado por otros religiosos. De haber ido solo, lo hubiera saludado. No sé si me hubiera conocido… en ciertas situaciones la amnesia es muy socorrida. Sentí curiosidad por saber si se había tatuado antes o después de ordenarse.

Si en líneas generales las apariencias engañan, los tatuajes nos pueden llevar a engaño si los tratamos de relacionar con la personalidad. Aunque, supongo, algo tendrá que ver lo que nos tatuamos con lo que somos, ¿ o no?. A mí me suelen gustar los tatuajes, hay algunos de una belleza plástica innegable. Estoy pensando hacerme uno aquí. De hacerlo ya sé el diseño. Si lo hago ya lo contaré.

Flash Ficción:
Las autoridades sanitarias están alarmadas. Los centros de terapia láser abarrotados. Dermatólogos y departamentos de quemados de los hospitales colapsados. Todo empezó cuando una revista de moda declaró que los tatuajes se encontraban "OUT”.


miércoles, diciembre 21, 2005


PEQUEÑO RELATO NAVIDEÑO

¡Cuántas luces! ¡Qué diferencia con el campo! En el cortijo, donde siempre he vivido, cuando se pone el sol sólo dos tristes bombillas dentro de unos faroles de forja alumbran la entrada al caserón. Sin embargo aquí, en la ciudad donde me han traído, las calles están adornadas con miles de bombillas de diferentes colores. Las bombillas agrupadas por alambres y cables forman diferentes figuras, unas veces son los Reyes Magos, otras unos angelitos con trompetas y el Nacimiento, pero la que más se repite cada pocos metros es "Feliz Navidad". La gente, que abarrota las calles, parece estar feliz y cuando se encuentran con conocidos se desean felices fiestas. Pero yo estoy triste, en lo más profundo de mí hay algo que me acongoja, parece que estoy barruntando algo desagradable y no sé el qué. Este desasosiego aparentemente no tiene razón de ser, tengo una magnífica salud, como bien y tampoco me siento solo, me acompañan mis amigos de siempre. La única leve molestia me la produce la cuerda que rodea mi cuello y sujeta un pedazo de cartón donde con tiza el humano que me cuida ha escrito: "Se venden pavos vivos a 6 € el kilo".
©Paco Molina/2005

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FELICITACIÓN ¿Laica o religiosa?

Los cristianos más conservadores e integristas de los EE.UU. no deben de ver en su país (o fuera de él) nada por lo que clamar al cielo. Como el catálogo de personas necesitadas les debe de parecer poco, se aburren. Para estos integristas parece que no hay enfermedades, injusticias, hambre, guerras, calamidades, torturas, crimen o delincuencia contra lo que luchar o rezar. Ahora han iniciado una cruzada contra la mala gente que en lugar de decir "Feliz Navidad" dicen "Felices Fiestas". Eso les parece horrendo. Es la “Guerra de la Navidad”. Hasta han criticado al Presidente (que lo han puesto ellos) por atreverse a felicitar con una tarjeta que dice Felices Fiestas y no menciona la Navidad. Claro, los asesores de la Casa Blanca habrán pensado que en un país sin religión oficial no se puede hacer una felicitación que deja fuera a millones de ciudadanos que no tienen a la religión cristiana como su referente, sin contar a los del resto de la Tierra. Más de la mitad de la población del mundo profesa otras religiones. Además, para la mayoría de los cristianos la Navidad significa vacaciones, comer, beber y consumir, es decir, fiesta. Así que estos cristianos radicales y sus comandos se dedican a decirle a la población que digan "Feliz Navidad". Armados con la Biblia, cada vez que oigan a una cajera del supermercado, por ejemplo, decirle a sus clientes “Felices Fiestas” o “Felices Vacaciones”, le espetarán que está participando en la aniquilación de la Navidad y que se va a condenar en el Fuego Eterno. Para recaudar fondos (para la campaña de la Guerra de la Navidad) están vendiendo a dos dólares unas pulseritas de caucho (sí, de ese material con el que también se hacen los condones) que dice “Di Feliz Navidad”.

Celebréis lo que celebréis os deseo a todos mucha felicidad.




jueves, diciembre 15, 2005


FICCIONES...

Johnny y Tommy son dos adolescentes que están tumbados en el césped que hay delante de sus casas. Desde donde están se puede leer una enorme valla publicitaria, estratégicamente colocada para ser leída por las personas que viajan en los vehículos que transitan por la carretera estatal. El texto de la valla es: “Bienvenidos a Kansas. En nuestro estado no encontrará a ningún descendiente del mono. Es un mensaje de la Junta Educativa. Velamos por que nuestros hijos tengan una educación inculta y doctrinaria.”

De todos es sabido que grandes científicos y pensadores en muchas ocasiones han realizado sus descubrimientos por la mera observación de cosas y hechos aparentemente intrascendentes. Arquímedes, por ejemplo, cada vez que se bañaba dejaba el cuarto de baño anegado y siempre acababa discutiendo con su mujer. La pobre mujer acababa agotada de tanto recoger agua. Un día le dijo: “Arquí, cariño, hay que ver cómo me pones el cuarto de baño cada vez que te lavas. Tú serás todo lo pensador que quieras, pero hasta un niño sabe que si llenas la bañera hasta el borde cuando te metes rebosará. ¡Así que no la llenes tanto!” Él observó el charco de agua, la bañera, su cuerpo con problemas de sobrepeso y exclamó: ¡Eureka, lo encontré! La mujer pensó al oír la exclamación que había perdido alguna de las cosas que se suelen perder en los cuartos de baño: la pastilla de jabón, el peine, una lentilla y que, por fin, la había encontrado. Pero no, lo que encontró fue el Principio que lo ha hecho celebre.

De igual manera, Johnny acababa de leer la valla publicitaria, se había sacado un moco de la nariz (con el que hizo una pelotilla) y al observarlo y darle vueltas entre sus dedos pulgar e índice empezaron a fluirle ideas filosóficas y preguntas trascendentales. El diseño de su pelotilla de moco le recordó al Diseño Inteligente que ahora se estudiaba en la escuela para explicar el origen divino del hombre. Le dijo a su amigo Tommy:
“No sé, no sé… No me convence lo del Diseño Inteligente. Encuentro algunos fallos en el Génesis. Algo no me cuadra. Si fuera real lo que dice la Biblia tendríamos que reconocer que descendemos de un asesino y eso no me gusta nada”.
El amigo lo miraba atónito. Sabía que todo lo que le interesaba a Johnny se resumía en una palabra: Playstation. Tommy le dijo a su amigo:
“Pero, ¿qué te pasa tío? ¡Tú flipas! ¿De qué asesino hablas?”
“De Caín”, contestó Johnny. En ese momento la pelotita de moco se le cayó de entre los dedos y se esfumaron todas las ideas profundas que tenía. Quedó como mudo. Ante el silencio de Johnny, Tommy empezó a hablar:
“La semana pasada el padre Sobón fue a mi casa a merendar con mi madre. Ella se retrasó un poco del trabajo y me dijo por teléfono que lo atendiera mientras ella llegaba”.
“¿Te quedaste solo con el padre Sobón?¡Que valor, tío! ¡A ver si te va a gustar que te manosee!”, dijo Johnny, haciéndole una burla.
“¡Eres imbécil!” Le replicó Tommy y continuó:
“Pues… hablamos un rato sobre la Biblia”.
“¡Tú hablando de la Biblia! No me lo creo. Si tú pasas. Sólo quieres saber de Internet. Todo el día te pasas navegando. ¡Tommy el geek!” Johnny se rió muy teatralmente.
“¡Qué capullo eres! Quería reírme un rato de él. Le dije que no entendía con quién pudo tener hijos Caín. Como la única mujer que había era su madre Eva y el Señor condena el incesto… si podría ser que Caín hubiera hecho el amor con una mona y hubieran tenido un bebe mitad hombre mitad mono… qué quizá eso era la evolución que dicen los científicos”.
“¿Le preguntaste al cura que si Caín había follado con una mona?” Interrumpió Johnny. “¡Qué bueno, tío! ¿Y qué te dijo el padre Sobón?”
“Me echo una bronca. Me dijo que eso rea imposible. Me cogió la cabeza y me manoseó los pelos (el mote de Sobón no era gratuito) y me dijo que en qué se parecía este pelo tan sedoso al de un mono, que si no me acordaba de la visita al zoo que hicimos con la parroquia, que me mirara al espejo, que si yo creía que mi madre tenía el culo y sus partes rojas y atomatadas como las monas, que si no me fijé en cómo los monos macho se toqueteaban sus partes y tenían unos penes feísimos y muy diferentes a los de los humanos. ¿O acaso tu pene es igual que el de un mono?” Me dijo.
“¡Guau, esto se pone caliente! ¿Y te hizo sacarte la polla? ¿Qué pasó, tío?”, dijo Johnny.
“Nada, en ese momento llego mi madre”, contestó Tommy.
“Oye, Tommy, ¿tú te follarías a una mona? Bueno, a lo mejor tú prefieres follarte a un mono peludo. ¡Ja, ja, ja!”
“Pues a lo mejor te follo a ti, que presumes de tener mucho pelo”, contestó Tommy.
“ Tommy, tío, de tanto hablar de follar me he empalmado. ¿Nos hacemos unas pajas?”
En ese momento se asomó al porche de la casa una mujer que gritó: “¡Johnny, Johnny! ¡A cenar! ¡Vamos, que papá espera para bendecir la mesa!

En las calles de la ciudad de Nueva York se ven extraordinarios graffitis y murales. En éste de la calle Lafayette, con el que ilustro este post, se copia la Creación del Hombre, fresco que decora la capilla Sixtina. Al autor de este mural neoyorquino parece que se le fue la mano con la pintura negra y ennegreció a todos los protagonistas de la escena. En el cielo también hay angelitos negros, como cantara Antonio Machín al son de sus maracas. Pero quizá fue a Miguel Ángel a quien se le fue la mano con la pintura blanca. La tradición judeo-cristiana sitúa el jardín del Edén al sur de Irak, entre los ríos Tigris y Eufrates. En esa región los hombres son bastante más oscuros y peludos que el que pintara Miguel Ángel, así que el grafitero neoyorquino se acerca más a lo que hubiera sido Adán de haber existido.

Siempre que veo esta pintura, donde el dedo divino señala al hombre recién creado, me acuerdo del poema satírico del escrito Manuel Barrios:

"Ya acabada la Sixtina, de Miguel Ángel se cuenta que, al ir a cobrar la renta en la Caja papalina, preguntó al Papa, entre airado, orgulloso y engreído:
— De mi genio trascendido el Hombre que yo he pintado,
¿de qué será criticado?
Y dijo el Papa atrevido:
— De... demasiado agachado, pichicorto y aburrido."

¡Qué verdad tan grande, bueno en este caso tan pequeña, dice el poema! Mira que el cuerpo del hombre pintado por Miguel Ángel es majestuoso, pero qué picha más corta le puso. Unos centímetros de más hubieran perfeccionado la obra. ¡Tanta dinamita para tan poca mecha!

viernes, diciembre 09, 2005


TATUAJES

Desde que Rafael de León escribiera la canción “Tatuaje”, para mayor gloria de Concha Piquer, ha llovido mucho. La España actual no es la de los años cuarenta. Fueron duros años de dictadura, miseria y nacional catolicismo. Es difícil de entender que la censura, que todo lo controlaba, pasara por alto la letra de la canción. Quizá fuera porque quien la interpretaba, “ la Piquer”, era adicta al régimen franquista. Quizá también porque quien la compuso era de “rancio abolengo” y podía poner tras su largísimo nombre (Rafael de León y Arias de Saavedra, sin contar los nombres de pila bautismal) los títulos de Conde de Gómara y Marqués del Valle de la Reina. Que Rafael de León fuera noble no fue óbice para ser amigo de conocidos republicanos de izquierdas (antes de ser asesinados o exiliados), para pegarse grandes fiestas en cabaretes, tabernas o en los locales más sórdidos de la época y llevar una vida más o menos declarada de homosexual. Pero bueno, yo no quería hablar en esta entrada de mi visión de la España de aquellos años. Quiero hablar de tatuajes.

La cruda canción habla de un marinero que lleva tatuado un corazón en el pecho y en el brazo el nombre de una mujer. El rubio marinero lleva incrustado en su piel el nombre de la persona a quien ama apasionadamente, pero ese amor ya no es correspondido: “Ella me quiso, y me ha olvidado, en cambio, yo no la olvidé”, dice la letra. Un amor imposible. Un drama. El guapo marinero (debía serlo, ya que deja “trastorná” y al borde de la cirrosis producida por el abuso del aguardiente a la protagonista femenina de la canción) no sólo llevaba un tatuaje, era una historia escrita en forma de tatuaje en su piel.

Hubo un tiempo en que detrás de un tatuaje había una historia. En muchos casos decoraban carne de presidio. Puntos, entre el pulgar y el índice, que se exhibían con orgullo en los ambientes más marginales, como quien enseña el carné de socio de un selecto club. El club de la trena. Pero, claro, esa credencial delataba el pasado y no servía para otros ambientes si se tenía voluntad de cambiar.

Hace bastantes años conocí a un chapero (un chulo, un prostituto) que se buscaba la vida mercadeando con su cuerpo en los billares del Café Madrid de Sevilla. Al escribir esto me acuerdo de lo que decía el transformista valenciano “La Sareta” en sus shows: “¡Billares Colón, el hogar del maricón!”. Éstos de Sevilla en aquella época también eran el “hogar” de muchos homosexuales. El entonces joven chapero (de la misma edad que yo) intentaba parecer chico dulce o chico duro, según le convenía dependiendo de cómo intuía que lo preferiría el cliente. Se ocultaba, o no, la mano en el bolsillo mientras concretaba el servicio a prestar y por cuánto, la mano en que unos puntos delataban su paso por la Prisión Provincial. La vida profesional del chapero, igual que la de los futbolistas, es corta. Cuando decidió intentar cambiar de vida (¿lo conseguiría?) empezó por eliminar esos puntos tatuados que le recordaban un pasado nada grato para él. Acabó quemándolos con un punzón al rojo vivo y como anestesia se bebió una botella de whisky DYC.

Continuara…

viernes, diciembre 02, 2005


1 de Diciembre
DIA MUNDIAL DE LA LUCHA CONTRA EL SIDA

“ Enciende una vela para recordar. Enciende una vela para la esperanza”, ha sido el lema del
AIDS MEMORIAL que ha tenido lugar en Hyde Park de Sydney.

lunes, noviembre 28, 2005


PELOS SÍ, PELOS NO

Para mí, el que un hombre sea o no sea peludo no es factor determinante para sentir deseo de pegarme un revolcón con él. Si el tipo me gusta me da igual que parezca que lleva puesto un abrigo de astracán o que tenga menos pelos que el chocho de una muñeca Barbie. Así que si tiene pelos, pues bien, y si no, también. Ahora hay muchos hombres que se depilan, tanto gays como heteros. Huelga decir que cada uno es libre de hacer lo que le venga en gana en esta pilosa cuestión. Supongo que quien se depila lo hace porque se siente más atractivo, más sexy que teniendo pelos. Muchos lo harán para que se vean mejor sus músculos. Ser un “muscle” requiere esfuerzo, dinero, tiempo y sacrificios en la dieta. Lógicamente se querrá que, además de los espejos, los mortales podamos apreciar tal prodigio de la naturaleza. Otros se depilarán por moda y alguno esgrimirá una de las razones más contundentes que se pueden dar: porque le sale de los cojones.

Algunos gays sienten predilección por un pecho peludo. El pelo les “pone”, y si un tío tiene más pelos que una famosa tonadillera en las patillas (y por ende en el coño), eso es un plus. Sin embargo, para otros el aliciente es que el pecho del “partenaire” tenga menos pelos que una rana. Cuestión de gustos.

Parece que con la disposición pilosa no todo el mundo está contento con la que tiene. Unos se gastan verdaderas fortunas en crece pelos, injertos y bisoñés, y otros lo hacen en productos y técnicas para cometer el “pelocidio”. Unos sufren por calvos y otros se rapan. Quiero comentar unos anuncios publicitarios relacionados con esta cuestión.
Uno de ellos lo he visto en una cadena de televisión australiana. En la primera secuencia aparece un grupo de mujeres jóvenes y guapas que corren despavoridas. Miran hacia atrás mientras corren. Por sus gestos y gritos parece que las persigue un sádico violador, un asesino o un monstruo. En la siguiente secuencia aparece el perseguidor, un hombre de apariencia muy normal. No porta cuchillo, arma de fuego o la consabida y terrorífica sierra mecánica. Se aprecia que es calvo. Mujeres y perseguidor siguen corriendo y se salen del plano. En la siguiente secuencia y corriendo en sentido contrario a la anterior, aparece el hombre calvo y ahora es él quién grita despavorido y mira hacia atrás. Seguidamente aparecen las mujeres, ahora son ellas las perseguidoras y gritan, pero sus gritos son de deseo, igual que en los conciertos gritan las quinceañeras histéricas al ver a sus ídolos. Persiguen al hombre y parece que con intención de violarlo. Ahora el hombre luce pelo en la cabeza. El anuncio es de un producto que supuestamente hace crecer el pelo. El tosco anuncio primero describe al hombre como a un salido, un acosador que no puede relacionarse con mujeres por el hecho de ser calvo. Después, hace pensar que las mujeres son tontas, unas descerebradas que por el sólo hecho de que un hombre tenga pelo en la cabeza lo van a desear vehementemente. Si primero pone al hombre calvo como a un ser patético, luego lo hace con las mujeres. Supongo que muchos hombres calvos y muchas mujeres se habrán acordado del árbol genealógico del anunciante.

Otro anuncio que me ha llamado la atención lo he visto publicado en en el periódico Sydney Star Observer, publicación dirigida a la comunidad GLTB. Ya el nombre de la empresa anunciante me choca, “hairstop”, (alto al pelo) y me sorprende que junto al nombre aparezca una señal similar a la de prohibido. Dentro de la señal un pelo con su raíz. El pelo se dibuja dentro de la señal igual que las ratas o cucarachas se dibujan dentro de igual señal en los envases de veneno que se venden para erradicar estas plagas. El mismo símbolo que otras empresas usan para ofrecer el servicio de desratización o desinsectación . La plaga a combatir es el pelo. ¡Con lo orgullosos que nos sentíamos de ellos cuando empezaron a aparecer en nuestra pubertad! Como todo anuncio publicitario, trata de vender un producto o servicio, en este caso es la eliminación permanente del vello corporal. Se ofrecen a acicalar a los más peludos DEMONIOS. Sí no ha sido suficiente el identificar a vello con plaga dañina, de propina llama demonios (y lo enfatiza poniéndolo en mayúsculas) a los que son peludos. En contraposición a los demonios están los angelitos (en el dibujo más bien angelitas, aunque se supone que no tienen sexo) que te resolverán el demoníaco problema que tienes con los pelos. El mensaje publicitario se lo hace llegar al cliente, el velludo, con cierta envoltura humorística. Tengo la sensación de que al ilustrador del anuncio no le deben de caer nada mal los pelos. Ha dibujado un demonio peludo con una cara simpática, potentes piernas con buenos gemelos y un buen culo, que en lugar de dar repulsión da morbo.

lunes, noviembre 14, 2005


MODAS Y MARCAS

¿Qué hace que desechemos una camisa que tiene el cuello algo rozado y, por el contrario, mucha gente compre una camisa nueva con apariencia de vieja y que, además, pague por ella más de lo que se paga por una que no tiene esa apariencia? ¿Por qué dejamos de usar en público un pantalón al que le ha caído una gota de lejía y otras personas los adquieren visiblemente desteñidos o rotos ya de fábrica? ¿Quién le pone en estos tiempos a una prenda un parche o le hace un zurcido para prolongar su uso? ¿Qué razón hay para que polos con parches y remiendos llenen los escaparates de las tiendas? Estas aparentes contradicciones deben de tener más de una explicación. Supongo que los diferentes estudiosos de estos temas, sociólogos entre otros, ya habrán estudiado y llegado a conclusiones sobre el por qué. Me voy a permitir hacer públicas mis reflexiones, aunque no sea un entendido en la materia y, por lo tanto, sin saber de ella, y confiando en que nadie me suelte a modo de insulto y por hablar de lo que no sé un ¡anda que pareces un tertuliano de radio o de televisión!

Cuando llegué a Sydney observé que la mayoría de los varones que usaban polos los llevaban con el cuello levantado. Creo no equivocarme si digo que el 90% de los que usan esta prenda, de uso masivo aquí, lo hacen con el cuello levantado. No sé si en España también ha ocurrido este fenómeno en los últimos meses, tengo que bucear en mi disco duro para acordarme de cuellos levantados y remitirme a los lejanos tiempos de los “travoltas”, cuando las camisas con el cuello levantado y muchas de ellas con sus faldones anudados a la altura del ombligo, hacían furor en las discotecas de pueblo.

¿Cómo explicarse que tantas personas de diferente extracción social, cultural, étnica, de tipo físico, desde los más delgados a los más gordos y de todas las edades, y casi al unísono de la noche a la mañana se levanten el cuello de sus polos? Son modas. Unas modas que no tienen nada que ver con la Moda. La Moda es otra cosa, es trabajo serio, diseño, innovación y creatividad. Crear moda, como cualquier otra faceta creativa o artística, es privilegio de muy pocos, porque pocos han sido tocados por el dedo de la genialidad.

Las modas como la del cuello del polo levantado, los pantalones rajados, desteñidos o con sus bajos andrajosos, las pulseritas de goma o la exhibición de la marca (hubo un tiempo que si a alguien se le veía la marca de la prenda se le advertía: ¡que se te ve la etiqueta!; ahora algunas personas parecen hombres anuncios igual que los que se ven con una tabla en la espalda y otra delante anunciando productos o servicios, con la diferencia de que los seguidores de estas marcas no cobran por publicitarlas) por sólo poner unos ejemplos de modas absurdas y pueriles, son creadas por los propietarios de las marcas, por sus publicistas y con la complicidad de los famosos que, a cambio de ingentes cantidades de dinero, convencen a gran parte de los consumidores, y muy especialmente a los jóvenes, de que es fácil llegar al éxito: sólo necesitan comprar determinado producto. Los futbolistas y otros deportistas de élite, que también se han convertido en marca registrada, se prestan al engaño al hacer creer que no es el esfuerzo, la dedicación o las cualidades innatas las que hacen que se mejoren las marcas deportivas, se ganen títulos y se consiga el reconocimiento profesional y social. Compra esta marca que es la que yo uso, viste como yo, copia mi corte de pelo, mira la hora en un reloj como el mío y serás como yo, un triunfador. Mensaje burdo que sólo debería ser creído por borregos descerebrados que, por el enorme seguimiento que tienen estas modas, debemos ser muchos. Evidentemente, cada uno es libre de vestir como quiera o pueda, pero, eso sí, algunas veces las modas consiguen resaltar nuestra fealdad.

jueves, noviembre 10, 2005


CHANCLAS, PIES DESCALZOS, CAMINOS

Una de las cosas que más me sorprendieron cuando empecé a recorrerme la ciudad de Sydney y observar a sus gentes fue ver a una gran cantidad de personas que usaban chanclas. Este calzado que en España sólo suele usarse para la playa, piscina, para estar en casa y en las saunas, aquí lo usan para andar por las calles, para ir a las tiendas y también cuando van de copas a los bares de ambiente. Para mí es un calzado incomodo y nada apto para la ciudad, pero aquí su uso está muy generalizado, salvo en las saunas que no te ofrecen nada para calzarte. Cosa nada recomendable, no están los tiempos para ir descalzo pisando fluidos de otros, ya tendré tiempo de escribir sobre las saunas.

Cuando digo que las chanclas aquí se usan mucho no me refiero en las zonas cercanas a la playa o en parques, no, me refiero para andar sobre el asfalto, por las aceras. Pero lo más sorprendente es que también se ve mucha gente descalza, con los zapatos en las manos o metidos en la mochila. No estoy hablando de churumbeles en una urbanización de chavolas, no, hablo de gente que va o viene de sus trabajos o pasean por el centro de la ciudad. Empecé a verlo en invierno cuando llegué, ahora en primavera aún es más generalizado.

En la City no se ven muchos perros, así que no existe mucho peligro de pisar una caca de can (suena bonito “cacadecán”), pero sí algún otro fluido que mana de alguna nariz o boca. Esta es otra de las cosas que me resultó sorprendente, que en un país moderno y civilizado se arrojara a la acera estos desechos con tanta alegría y desparpajo, muy especialmente por la comunidad oriental, chinos principalmente, aunque también por los anglosajones mayores o de mediana edad. No exagero, tanto es así, que he leído en la entrada de algún centro comercial o supermercado el letrerito de “prohibido escupir”, igual a los que se ponían en las tabernas españolas junto al de “se prohíbe cantar”.

Estos comportamientos no me los esperaba en un país desarrollado. Más me recordaban a Marruecos, donde en más de una ocasión, mientras comía en algún humilde restaurante de la medina de alguna ciudad, he tenido que soportar la higiene bucal y los gargarismos de alguno de nuestros vecinos del sur en el lavabo que suele haber en el mismo comedor y a un metro de mi sopa de habas. Así que no es nada raro oír y hasta ver una sinfonía expectoral mientras meas en algún servicio público. De verdad que no tenía ninguna intención de que esta entrada fuera así, pero así ha salido, no tengo ninguna parafilia relacionada con los desechos o fluidos orgánicos.

Estas chanclas, que tanto se usan aquí, han servido de inspiración para que un grupo de artistas, capitaneados por Philippa Playford, artista de Sydney, haya realizado una instalación interactiva con participación del público. Se trataba de que las personas que se acercaban a la instalación pintaran o escribieran en las propias chanclas sus reflexiones sobre los viajes, las migraciones y las exploraciones. Estas chanclas eran unidas unas tras otras y depositadas en la explanada que hay delante de la Customs House en Circular Quay, Sydney. Cientos de personas dejaron sus impresiones sobre sus propios viajes y sus historias. Había algunas que añoraban su tierra y otras que contaban lo bien que se lo estaban pasando y, ya que la jodienda no tiene enmienda, alguno escribió lo buenas que están las tías de determinado lugar. Gente de muchas partes del mundo, que se acercaron a la instalación, se prestaron a colaborar con este proyecto artístico, unos con más habilidad creativa que otros. A mí me ofrecieron que pintara una y lo hice. Relacioné viajes con caminos y me acordé del poema de Antonio Machado “Caminate no hay camino…”. Como lo escribí de memoria olvide un verso. El resultado de la instalación me resultó bastante interesante, algunas de las chanclas quedaron bastante artísticas, no la mía precisamente.

lunes, noviembre 07, 2005


ABORÍGENES

Cuando era seguro que me vendría a Australia por un año, empecé a imaginarme cómo sería mi vida en “Terra Australis”. Me hice películas mentales, entre ellas que como guiri sería novedad en los sitios de ambiente. Sabía que eran relativamente muy pocos los españoles que residían en Australia e incluso quizá podía parecer hasta exótico para algunos. Al poco tiempo de pisar estas tierras me di cuenta de que aquí todo el mundo es guiri, salvo, claro está, los aborígenes. Al menos en Sydney es muy difícil ser exótico. El origen de uno pasa completamente desapercibido, ya que, como he dicho antes, aquí todo el mundo es guiri y hay gente de todas partes. Así que como no me vista de lagarterana o de fallera mayor no voy a llamar la atención por el hecho de ser guiri. Aquí lo únicos que de verdad no son guiris son los que los europeos llaman aborígenes. Pero hagamos un poco de historia. Como no soy historiador la voy a contar a mi manera.

Los ingleses en el Siglo XVIII tuvieron la idea de exportar a sus presos, convictos les llamaban. Parece que lo hacían enviándolos a las colonias que poseían en América del Norte, pero debido a la Guerra de la Independencia de lo que hoy es USA, no tenían mucho sitio a donde mandarlos. Así que a alguien en Londres se le ocurrió empezar a enviarlos a unas tierras que según los informes de aquella época no tenían ningún valor, que había declarado inglesas tras su desembarco en ellas el marino inglés James Cook en 1770. Resumiendo, que en 1788 llegó la primera flota inglesa cargada de convictos y soldados, en total unas 1.400 personas, estableciendo una colonia penitenciaria en lo que hoy es Sydney. Yo no sé si el turismo estaba algo desarrollado en aquella época, ya que si fuera así no me extrañaría nada que alguien de la corte inglesa para marcarse un tanto con Su Graciosa Majestad (Jorge III se llamaba el gracioso) hubiera dicho “Majestad, si mandamos los presos a Australia, podremos vaciar la Torre de Londres y la llenamos de turistas japoneses, ponemos un uniforme mono a los guardias, como el de la botella de ginebra, y a recaudar dinero con la entrada”.

Los primeros colonos se encontraron con un problema, esas tierras eran de unos señores que llevaban allí más de 40.000 años, los aborígenes les llamaron, y que no estaban por la labor. Ya sabemos todos lo que pasa cuando un gobierno quiere poner una cárcel o un centro de desintoxicación sin contar con el consenso de los habitantes de la zona, que temerosos de que sus pisos pierdan valor se echan a la calle en protesta. Aquí parece que los colonos no convencieron a los aborígenes de lo bueno que era poseer pasaporte británico y, de paso, abrazar la religión cristiana y como no accedieron amablemente a regalarles sus tierras, pasaron por las armas o envenenaron masivamente a la población aborigen. Con los colonos también viajaban enfermedades que los aborígenes no conocían y contra las que estaban indefensos, enfermedades que ayudaron a completar la masacre y en poco tiempo se cargaron al 80% de los milenarios habitantes de Australia.

Las potencias colonizadoras cristianas, incluida la española, han usado diferentes métodos para colonizar. Siempre se ayudaban de las armas, de la religión y de los modistos. Sí, de los modistos. Parece que no había expedición militar que no llevara a sus sacerdotes y modistos. Estaban obsesionados por coger un trozo de tela y poner un taparrabos a los nativos, que llevaban miles de años con sus pinganillos al aire. Así que detrás de la espada y la cruz llegaban unos señores con tela, aguja e hilo. No sé si en aquellas épocas ya les llamaban modistos o diseñadores. En África, a los varones les ponían el taparrabos, los organizaban en agrupaciones de coros y danzas y a saltar delante de las cámaras de documentales para televisión. Para ellas, los modistos cosían cuatro telas para taparles las tetas y hacerles una faldita plisada hasta por debajo de la rodilla, un corte de pelo a lo “garçon” y ya tenemos el autentico look catequista.

Aquellos años del comienzo de la presencia europea en Australia debieron de ser muy duros. Los convictos, en su mayor parte ladrones, marineros desertores y opositores irlandeses, e imagino que muchos inocentes, tenían que trabajar para los terratenientes europeos. Estos convictos fueron determinantes en los orígenes de Australia. Hasta 1852 el gobierno británico siguió enviando presos a Australia, se calcula que al menos 150.000 habían sido ya enviados hasta esa fecha. Se cree que la población aborigen antes de la llegada de los europeos rondaba el millón de personas, ahora no llegan a doscientos mil. Dejemos atrás la historia.

Por toda Australia, y especialmente en la ciudades importantes y de tirón turístico, se ven millones de artículos con el marchamo de Arte Aborigen. Los objetos que de verdad son arte aborigen y están realizados artesanalmente son caros. Si puedes comprar algo aborigen por varios dólares probablemente sea “Made in China”. Para hacerse una idea de lo que es el arte aborigen lo mejor es visitar los museos públicos, casi todos ellos cuentan con salas dedicadas al arte aborigen. Entre los artículos más usuales se encuentra el “didgeridoo”, un instrumento musical muy simple, ya que es un tronco o rama fino y alargado (los hay de diferentes medidas) y que esta hueco. Se supone que los auténticos han sido ahuecados por termitas, después son quemados por dentro y decorados por fuera con vistosas pinturas. En Sydney, en el Outback Centre de Darling Harbour hacen demostraciones, con un bonito show gratis, de cómo hay que soplar para que suene el didgeridoo. Allí también se pueden comprar los populares boomerang, pero si lo que se busca es un souvenir barato, que parezca arte aborigen, lo mejor es comprarlo en el Market City de Chinatown.

JET LAG

Como contaba en mi anterior entrada, después de muchos años queriendo llevar vida de guiri por fin lo voy a conseguir. Voy a intentar llevar vida de guiri en Australia, y será Sydney, la capital del estado de Nueva Gales del Sur (NSW), mi ciudad de residencia. Para empezar mi vida de guiri he tenido que viajar desde Almería a Sydney. Algunos dirán que me he ido muy lejos, que si para vivir mi experiencia de vida guiri no podía haberme ido más cerca, pongamos por caso a Faro, Portugal. Pues sí, podía haberlo hecho. En teoría, supongo que un español en Portugal es un guiri, igual que lo debe de ser un portugués en España, pero nunca oí esa expresión para referirse a un portugués. Será cosa de la fraternal vecindad. Se me presentó la oportunidad de que fuera Australia y aquí estoy.
Para llegar a las antípodas, a la tierra “down under”, he tenido que hacer un largo viaje desde Almería. Como treinta horas metido en aviones. Almería-Madrid-Londres-Singapur-Sydney fue el trayecto. Viaje pesado, pero afortunadamente sin contratiempos. Algo apurado de tiempo para embarcar en el Londres-Singapur, ya que llegábamos con retraso. British nos puso un vehículo al desembarcar en Londres que nos llevó hasta el embarque para Singapur. En el vuelo había también algunos periodistas y cámaras de TV españoles que se dirigían a Singapur para informar de la reunión del COI en donde se decidía qué ciudad albergaría los Juegos Olímpicos de 2012. Como ya saben, fue Londres la ciudad elegida. La escala técnica en Singapur duro como dos horas. Al organizar el viaje no caí en la posibilidad de pasar dos o tres día en Singapur, cosa que recomiendo tengan en cuenta los que hagan este viaje, ya que además de hacerlo menos pesado, permite conocer otro lugar con sólo el coste del alojamiento. Espero hacerlo a la vuelta. La zona de tránsito en donde estábamos no era muy amplia, llena de tiendas duty free. Los precios me parecieron más caros de lo que yo esperaba en cámaras y accesorios fotográficos. Un amigo que estuvo unos días en Singapur me comentó que en las tiendas de la ciudad se encuentran más baratos estos artículos que en el duty free del aeropuerto, así que quien haga el viaje con estancia en Singapur mejor vea los precios que hay fuera del aeropuerto. Singapur tiene fama de ser uno de los países más limpios del mundo. Si al regreso hago parada de unos días ya podré comprobarlo. De lo que sí doy fe es que los servicios del aeropuerto están como “chorros de oro”. Tan limpios que no se puede mear tranquilo sin que el operario de limpieza pase entre tus pies la fregona mientras meas y observas al mismo tiempo lo limpio que están los demás orinales adosados a la pared y sin separación que hay a los lados. Después de curiosear por las tiendas (sólo compré una botella de vino oloroso español para regalársela a quien iba a esperarme al aeropuerto de Sydney) de nuevo me embarqué con destino a Australia.
A las siete de la mañana del día tres de julio pisé tierra australiana. Nos esperaba Phil, un contacto que había hecho a través del chat bearwww, que amablemente se ofreció a llevarnos al hotel donde pasaríamos la primera semana hasta encontrar apartamento. Después de pasar los trámites aduaneros (son bastantes meticulosos a la hora de repasar equipajes) nos fuimos a la salida donde Phil nos esperaba con un cartelito con nuestros nombres. Una vez realizadas las presentaciones con los habituales besuqueos nos dirigimos al aparcamiento donde tenía su coche. Yo me fui flechado al asiento del conductor, no había caído que aquí, que se conduce por la izquierda, lógicamente el asiento del copiloto se encuentra en el lado contrario que en España. La habitación del hotel no estaría disponible hasta las doce o la una, así que dejamos las maletas en recepción y nos encaminamos a la calle. Nuestro amigo se tenía que marchar y nosotros después de dar varias vueltas nos fuimos a tomar un café a la zona gay. Serían las nueve de la mañana del domingo día 3 y me sorprendió ver cómo la gente entraba y salía animadamente de las discos y de los bares que estaban abiertos, yo no sabía entonces que aquí están las 24 horas abiertos. Ya comentaré las primeras impresiones que me produjo Sydney, pero en esta entrada quiero hablar sobre el jet lag.
Parece que nadie ha podido sintetizar en un par de palabras en castellano lo que en inglés se denomina jet lag. Por este anglicismo se conoce al "síndrome de desincronización ligado a la diferencia de horario para los viajeros trans… mediterráneos, oceánicos o continentales aéreos". Sinteticen, Sinteticen. Así que nos quedamos con la expresión en inglés jet lag. He navegado en la red para buscar alguna información sobre las razones fisiológicas de este padecimiento que poco más o menos se debe a que “hay un gran número de ritmos biológicos que están sujetos al ritmo circadiano”. Vamos, que nuestro reloj biológico no es tan fácil de cambiar como lo hacemos con nuestros relojes, que tan sólo con mover las manecillas están listos. Salí de España siendo verano, aquí era invierno y había una diferencia de 8 horas. Según los expertos “después de una diferencia horaria de 6 horas, se necesitan al menos de 2 a 3 días para reajustar el ritmo de las temperaturas y varias semanas más para la adaptación de algunos ritmos hormonales”. Pero a mí lo que más me preocupo saber es que “el jet lag acarrea una reducción de las marcas deportivas”, y eso no me agrada nada, no quiero que mis “marcas” se reduzcan. Supongo que a cada persona le puede afectar de diferente manera el jet lag. En mi caso, que soy de mal dormir, me afectó con problemas para conciliar el sueño durante bastantes días. Así que si a alguien se le ocurre venir desde España a pasar una semanita de vacaciones, a parte de lo largo, pesado y caro que puede ser el viaje me temo que va a estar como un zombi.
Como ya he dicho, siempre he sido de mal dormir, en algunas circunstancias especialmente estresantes que he pasado en mi vida he tenido que recurrir a medicamentos hipnóticos o sedantes recetados por médicos. Aquí en Sydney el mal dormir se me agudizaba debido al jet lag. La solución la encontré en Chinatown (tendré que escribir sobre esta zona de Sydney que a mí me encanta) donde vive y trabaja una gran población asiática. Uno de los días que paseaba por Chinatown se me ocurrió entrar en una herboristería y farmacia de medicina tradicional china (aquí, salvo aspirinas, paracetamol o algún otro medicamento, no te venden nada sin receta médica en las farmacias, imposible conseguir unos antibióticos para una infección de garganta sin pasar por la consulta del médico). Me atendió una señora china, le expliqué mi problema y me vendió unas cápsulas. Me dijo que me tomara una antes de irme a la cama. La caja era de cartón verde brillante, escrita en caracteres chinos y más se parecía al envoltorio de una baraja de naipes. El prospecto en inglés, chino y francés. Lo escrito no tiene desperdicio, hago una sinopsis con traducción libre del prospecto: “Es una antigua receta de la región china de Guangdong, parece que se ha trasmitido desde tiempos de la dinastía Tang, esta dinastía reino desde 618 al 907 de nuestra era, es un extracto de alta concentración de plantas utilizadas como hipnóticas y sedativas. Sirve para enriquecer y dar energía a la sangre y al corazón, tranquiliza el espíritu y aclara las ideas, estimula el apetito y favorece el metabolismo, ¡actualmente no hay nada mejor para la neurastenia! Esta indicado para (sólo indico una pequeña parte de la larga lista): insomnio neurasténico, anemia, dolor de cabeza, palpitaciones, amnesia, esquizofrenia… y todos los demás padecimientos producidos por la neurastenia”. ¡Acababa de comprar 12 cápsulas de la poción mágica por tan sólo 3,5 euros! ¡Y sin receta! ¡Y la gente de occidente tomando Prozac! Cuando leí el prospecto me lo tomé a cachondeo, me recordó a los antiguos charlatanes de feria que vendían elixires milagrosos para todo. Llego la hora de dormir, me tomé una y, amigos… dormí de un tirón y me levante sin el embotamiento que suelen producir los hipnóticos tipo lormetazepam. Para mí ha sido mano de santo, no sé de cual ya que desconozco el santoral chino. No me atrevo a recomendárselo a nadie ya que quizá a otros no les sirva o les perjudique. Como no me lo podía creer, cuando fui a comprar la segunda caja hablé con la señora china y le dije que me preocupaba que el medicamento tuviera algún tipo de droga, como barbitúricos, ya que no quería caer en dependencia o en los posibles efectos secundarios. Me garantizó que todo era natural, plantas y semillas tal como indica el prospecto y que estuviera tranquilo. Así que de momento un viva por la farmacopea tradicional china.